Ante la confirmación de una recesión técnica —dos trimestres consecutivos de caída del producto—, el ministro de Economía, Luis Caputo, presentó este martes en la 32ª Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina (UIA) un paquete de medidas de alivio fiscal dirigido especialmente a las pymes. “Esto no es ningún plan platita”, se atajó el funcionario, que enmarcó los anuncios como soluciones a problemas financieros heredados y no como un estímulo expansivo. El gesto se produce en un momento en que el Banco Central ya reconoció la contracción del tercer trimestre y el equipo económico prioriza el superávit y la desinflación por sobre cualquier reactivación de corto plazo.
Las medidas anunciadas en el Golden Center, ante industriales, el jefe de Gabinete Diego Santilli y gobernadores, son de alcance acotado. Se suspenden los embargos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) a las pymes hasta por lo menos mayo de 2027. Se extiende el plan de 18 cuotas de deudas de ARCA que vencían el 30 de junio hasta el 31 de octubre, otorgando 18 meses de plazo. Las pymes podrán utilizar el 100 % de sus saldos a favor por exportación o IVA para cancelar deudas aduaneras; para las grandes empresas el porcentaje será creciente. Se avanza hacia una cuenta corriente única aduanera. Caputo se definió como “fanático” de esta última medida: “Es ridículo que ARCA les esté debiendo plata al tiempo que les cobra por los mismos servicios”. Los reintegros demoraban entre seis y nueve meses, con un costo financiero “fenomenal”. Además, el Banco Nación dispondrá créditos para la industria automotriz a plazos de tres, cuatro y cinco años con tasas fijas de alrededor del 20 %. Finalmente, propuso eliminar el impuesto a los sellos —que grava actos, contratos y operaciones a título oneroso y mueve entre cuatro y cinco billones de pesos anuales—, ofreciendo que la Nación pague la mitad a cambio de que las provincias y la Ciudad resignen la otra mitad. “Es nocivo para la industria. Es un desastre”, dijo. Las medidas fueron recibidas como un gesto por dirigentes de la UIA, que habían reclamado que la producción ocupe un lugar central, reglas claras y acción firme contra el contrabando.
La recesión ya está aquí
La definición técnica de recesión exige dos caídas consecutivas del Producto Interno Bruto desestacionalizado. El segundo trimestre cerró en −0,6 %. En ese período el consumo privado cayó 2,4 %, el público 2,3 % y la inversión 0,8 %; solo las exportaciones crecieron. Julio y agosto dejaron al tercer trimestre sin margen de recuperación: el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se desplomó 2,9 % mensual en julio —la peor lectura desde la pandemia— y rebotó apenas 0,1 % en agosto. Interanualmente, agosto marcó −1,7 %, la mayor contracción del año. Consultoras privadas como LCG y Equilibra estimaron que septiembre habría necesitado un crecimiento mensual de entre 8,5 % y 8,6 % para evitar un trimestre negativo, una hipótesis que el mercado consideró inviable. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del propio Banco Central proyectaba una caída cercana al 1 % para julio-septiembre. El Informe de Política Monetaria (IPOM) del Central confirmó la contracción del tercer trimestre y anticipó una recuperación “significativa” en el cuarto, una vez normalizada la actividad agropecuaria y disipados los factores transitorios de julio. De confirmarse oficialmente, se trataría de la segunda recesión técnica desde que asumió el gobierno de Javier Milei.
El contraste con el sector externo resulta particularmente agudo. En septiembre las exportaciones alcanzaron un récord histórico de US$ 10.036 millones (+23,5 % interanual), la primera vez que superan los 10.000 millones en un solo mes. El superávit comercial acumulado llegó a US$ 21.198 millones y el país suma 34 meses consecutivos de saldo positivo. Combustibles y energía saltaron 89,1 %, con el petróleo crudo como principal producto del mes (US$ 1.127 millones). El acumulado enero-septiembre alcanzó US$ 77.267 millones (+21,6 %). Caputo celebró el número. Sin embargo, las importaciones cayeron en cantidades, otro indicador de que la demanda interna no reacciona. Industria (−3,2 %), comercio (−3,5 %) y construcción (−2,5 %) arrastraron el EMAE de agosto. Solo cinco de quince sectores crecieron interanualmente. El consumo arrastra la pérdida de poder adquisitivo de los salarios formales y una tracción débil del crédito. La inversión lleva varios trimestres en rojo. Analistas como Gabriel Caamaño y Lorenzo Sigaut Gravina advierten que, incluso con el boom de recursos naturales, el crecimiento de 2026 difícilmente supere el 1 %. El FMI recortó su proyección a 2,1 % y el REM ronda el 1,5 %, lejos del 3 % o más que el propio Gobierno proyectaba.
El diagnóstico más incómodo proviene de dentro del propio círculo de escuchas del Gobierno. El economista tucumano Ricardo Arriazu, una de las voces más atendidas en el entorno de Milei, atribuyó el estancamiento a la política monetaria del Banco Central. “Cosecha récord, producción récord de hidrocarburos, ganancia en minería, menos compra de divisas por parte del sector privado, términos de intercambio favorables. Deberíamos estar creciendo arriba del cinco y estamos estancados creciendo menos del dos”, afirmó en el 31° Simposio Internacional de Economía organizado por Amigos de la Universidad de Tel Aviv. La explicación, según Arriazu, reside en la “demasiada compra de divisas” del Central, que bajo la conducción de Santiago Bausili acumuló más de US$ 15.569 millones en 2026, superando holgadamente la meta anual de US$ 10.000 millones acordada con el FMI. Esa absorción esteriliza liquidez, restringe el crédito interno y pone un techo al crecimiento. El país, agregó, debe sobrecompensar con reservas porque “somos estafadores seriales” y nadie le cree. La deuda neta del sector público equivale, según sus cálculos, a apenas 37 puntos del producto, pero la historia de defaults y reestructuraciones mantiene elevada la prima de riesgo. Los argentinos acumularon unos 430.000 millones de dólares en el exterior desde 2003, de los cuales una porción significativa permanece no declarada. El superávit comercial energético alcanzó US$ 9.427 millones entre enero y septiembre (+20 %).
Caputo, por su parte, ha negado sistemáticamente la recesión. En París y en Bangkok sostuvo que “no estamos en recesión, estamos creciendo menos que antes”, priorizando la tendencia-ciclo del EMAE (29 meses de expansión a un ritmo de 0,2 % mensual) y atribuyendo la desaceleración a shocks externos (tasas en Estados Unidos, petróleo) y a la incertidumbre política local. Anticipó un rebote en el cuarto trimestre impulsado por obras viales, hipotecas y desinflación. El equipo económico descartó un estímulo hasta marzo, priorizando el superávit fiscal y la baja de precios. En la UIA, Caputo criticó el modelo anterior con dureza: “Mientras otros países se preocupaban por pagar sus deudas, nosotros nos jactábamos de cagar al mundo entero”. Señaló que la industria había caído 11 % entre julio de 2022 y diciembre de 2023 y que “la inflación y la corrupción es un negocio mucho más fácil que la inversión”. Remarcó tres pilares del programa actual: estabilidad macro y previsibilidad; baja del costo argentino; y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Sobre el crédito, rechazó que el problema sea de liquidez y lo atribuyó a la incertidumbre macroeconómica, el riesgo de largo plazo, la reconversión del sistema financiero y la ausencia de un mercado de capitales desarrollado. “La solución no es ‘tirar plata’ para que los bancos presten más”, sostuvo.
El anuncio no altera la prioridad fiscal del Gobierno ni responde a la crítica de Arriazu sobre la acumulación de reservas. Tampoco modifica las proyecciones de crecimiento para el año, que el mercado sitúa cerca del 1 % o por debajo, ni el diagnóstico de una demanda interna que no reacciona pese al viento de cola externo más fuerte en décadas. La industria, el comercio y la construcción siguen arrastrando la actividad, y el costo financiero de las pymes permanece elevado. El propio Caputo reconoció que “el costo financiero para las pymes es un problemón y no es algo que se va a solucionar en un mes o dos”. Las medidas suavizan la presión de corto plazo sin constituir un plan de reactivación. La pregunta sobre si el esquema de acumulación de reservas y consolidación fiscal puso un techo al crecimiento, justo cuando las condiciones externas eran favorables, sigue abierta y ahora se formula con datos del INDEC, del REM y del propio Banco Central.

