Hace 20 años se perpetró el femicidio más conmocionante y público que haya conocido la provincia en la historia reciente. En la mañana del lunes 29 de mayo de 2006, Lucas González fue a buscar a su ex-novia María Fernanda Chaila al Predio Ferial de El Bajo, donde la joven trabajaba en una secretaría del Estado que tenía allí sus oficinas.
González, entonces de 23 años y conocido como “El Gardelito”, miembro del clan de los Gardelitos, se plantó en la vereda y gritó que si ella no bajaba, subía y los mataba a todos. Chaila, de 26 años, bajó. Él la golpeó y le disparó en la cabeza con una pistola calibre 9 milímetros. Compañeros de trabajo la auxiliaron y la llevaron al hospital Padilla, donde murió. El crimen conmovió a Tucumán y al país.
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Cuando mató a Chaila, González ya era buscado por la Justicia federal. El 16 de enero de 2006, tres jóvenes armados habían asaltado la sucursal del Banco Nación de Monteros bajo una fuerte tormenta: redujeron a los custodios y a los empleados y se llevaron todo el dinero que pudieron cargar. Las investigaciones lo sindicaron como uno de los autores y existía orden de captura federal. También se lo vinculaba a un ataque anterior a la firma Castillo, también en Monteros, del que se habían sustraído una importante cantidad de dinero. Tras el femicidio huyó y permaneció prófugo casi un año, con pedido de captura internacional y una recompensa de alrededor de cien mil pesos por información que permitiera dar con él, tanto por el homicidio como por el asalto al banco.
En mayo de 2007 fue capturado en Moreno, Buenos Aires, gracias a un informante. En una carta a la fiscal admitió el disparo, aunque dijo que había sido accidental. En 2009 un tribunal lo condenó a 15 años de prisión por homicidio simple. En aquel momento no existía la figura de femicidio en el Código Penal, y la calificación más grave que se había sostenido en la instrucción no prosperó en el juicio. González pidió perdón a la familia de Chaila. Su madre, Mary Ahumada, quedó conforme con la pena y advirtió años más tarde que, cuando saliera, iba a volver a hacer lo mismo.
Cumplió la condena en el penal de Villa Urquiza. Su paso fue conflictivo. En 2015 protagonizó una agresión a palos a otro interno, que terminó hospitalizado en estado grave. También tuvo cruces de palabras con Angel “El Mono” Ale, con cuya familia existía una enemistad de décadas: en 1986 Ale había matado a dos parientes de González. Su defensa pidió que lo cambiaran de pabellón por temor a nuevos enfrentamientos. González denunció sanciones injustas y malos tratos, y fue trasladado varias veces a máxima seguridad.
En prisión integró el programa de rugby Un Pase a la Libertad y llegó a ser capitán del equipo. En 2019 contó que el deporte le había cambiado la cabeza: que les habían sacado el chip viejo y les habían puesto uno nuevo, que había dejado las drogas y el mal comportamiento, y que cada vez que jugaba se sentía libre. Entrenaba dos veces por semana y aseguraba que era una segunda oportunidad.
Salió en libertad en 2022, cuando se agotó la pena. Anteayer, el martes 20 de octubre a las 11 de la mañana, volvió a ser detenido. Ahora en Yerba Buena. Un transeúnte alertó a la Patrulla Motorizada sobre un hombre en moto negra y campera roja que forzaba la puerta de una camioneta Fiat Strada en la avenida Perón. Tras una persecución lo atraparon en calle Bascary. González, de 43 años, considerado uno de los más peligrosos delincuentes de la historia provincial reciente, vestía una campera de PedidosYa. No se confirmó que trabajara como repartidor.

