Sofía de la Vega, la poeta y narradora nacida en San Miguel de Tucumán en 1993, afirmó en una entrevista reciente que el escritor de provincia es un título impuesto desde Buenos Aires, una etiqueta que no existe en sí misma y que ha condicionado durante años la lectura de quienes escriben fuera del centro. En su primer libro de cuentos, De los potrillos nacen ríos, publicado por Alfaguara, construye un mapa narrativo de la provincia a través de voces singulares, personajes que mutan y perspectivas que desdibujan las fronteras entre lo humano y lo animal, explorando paisajes, memorias familiares y las contradicciones sociales de un territorio históricamente denso y atravesado por contrastes.
La escritora, que se mudó a Buenos Aires hace unos seis años, comenzó a redactar estos relatos durante la pandemia, cuando los poemas ya no fluían como antes y el desarraigo la llevó a anotar en una libretita historias familiares, dichos y recuerdos sobre Tucumán. Tras tres poemarios previos —Blancas y plateadas (2018), La idea es vivir cerca pero no encima (2019) y Los ángeles son vacas (2025)—, el pasaje a la prosa le exigió abandonar el detalle minucioso para ver la película completa, dejar que el movimiento actuara y construir tramas en las que una acción generara emoción, aunque conservando el rigor de cada palabra que la poesía le había enseñado.
Tucumán, según de la Vega, le dio las voces: es un lugar donde la gente cuenta constantemente cuentos, una temporalidad propia marcada por lo convulsionado y lo estático, una resignación optimista, el mestizaje, las influencias andinas y la pobreza posterior al cierre de los ingenios, aseguró De la Vega a Clarín. El libro, que incluye un cuento narrado desde la perspectiva de un caballo llamado Tincazo —inspirado en un dibujo de su libreta y en la posibilidad faulkneriana de meterse en cuerpos que perciben el mundo de otras formas—, propone mujeres que encuentran modos inesperados de rebelarse, no como un sesgo buscado sino como una salida diferente a las limitaciones conocidas, con personajes grises que mutan y avanzan.
La autora cuestiona la demanda de lo rural que se impone desde el centro, como si toda literatura de provincia fuera campo, cuando en su volumen solo tres relatos transcurren enteramente en las montañas y el resto ocurre en ciudades, suburbios o incluso en el aeropuerto. Aunque el mercado editorial muestra interés por voces que trabajen otros paisajes, de la Vega advierte que se trata de una suerte y también de un peligro, y prefiere pensar lo folclórico como una herramienta a favor, apoyándose en géneros ancestrales como la fábula, el mito y el cuento popular, cuyo folclore local resulta riquísimo.
Profesora de Letras egresada de la Universidad Nacional de Tucumán y becaria doctoral del Conicet, de la Vega organiza desde 2015 el Festival Internacional de Literatura de Tucumán (FILT), junto a Blas Rivadeneira y Ezequiel Nacusse, un evento que este año cumplió una década y que, según ella, la formó como escritora porque pasó toda su juventud pensando la literatura con otros, en una alegría de compartir algo con la comunidad. En 2024 obtuvo el Premio Estímulo a la Escritura Todos los tiempos el tiempo en la categoría Narrativa, por el proyecto de novela José Francisco Muñecas, ambientada en el siglo XVIII catamarqueño y centrada en un milagro de la Virgen del Valle, cuya publicación por Alfaguara se espera para el segundo semestre de 2026 o comienzos de 2027.
La entrevista, publicada este lunes, se inscribe en una trayectoria que combina la escritura con la gestión cultural y el trabajo colectivo, en la que de la Vega asume que escribir es lo que más le gusta hacer en la vida y que gestionar para la comunidad es una forma increíble de vivir la literatura. El volumen, que también ha sido reseñado por su capacidad de cruzar lo animal y lo humano, la religión católica y las creencias populares, confirma a la tucumana como una voz que busca que los lectores de su provincia encuentren su tono y sus palabras, más allá de las etiquetas impuestas desde el centro.

