Gadi Eisenkot, el general retirado de 66 años que encabeza el partido centrista Yashar, se ha consolidado como el principal desafiante a Benjamin Netanyahu en las elecciones parlamentarias del 27 de octubre de 2026, las primeras desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Hijo de inmigrantes marroquíes y criado en la periferia, el exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) combina credenciales de seguridad, una tragedia familiar reciente y la promesa de rendición de cuentas en un país que, según las encuestas, no otorgará mayoría clara a ninguno de los bloques.
Nacido el 19 de mayo de 1960 en Tiberíades, Eisenkot es el segundo de cuatro hijos de Meir y Esther Eisenkot, inmigrantes judíos de Marruecos (madre de Casablanca, padre de Marrakech). El apellido original, de origen bereber, fue adaptado tras la llegada a Israel. La familia se trasladó a Eilat cuando él tenía un año; su padre trabajó en las minas de cobre de Timna y su madre era ama de casa. Estudió en una escuela técnica con orientación marítima y mecánica, se licenció en Historia en la Universidad de Tel Aviv y cursó posgrados en Ciencias Políticas en Haifa y en el United States Army War College. Casado desde 1984 con Hannah (a quien conoció en el club de vela del colegio), tiene cinco hijos y reside en Herzliya. Sería, de imponerse, el primer primer ministro de origen mizrají (judíos de Oriente Medio y Norte de África) en la historia de Israel.
Ingresó al IDF en 1978 y permaneció 40 años, la mayor parte en la Brigada Golani, unidad de infantería de base popular. Comandó esa brigada a fines de los años 90, sirvió como secretario militar del primer ministro Ehud Barak, dirigió la División de Judea y Samaria durante la Segunda Intifada, encabezó la Dirección de Operaciones en la Guerra del Líbano de 2006 y comandó el Comando Norte durante seis años (2006-2011), un período en el que reforzó la disuasión frente a Hezbollah. Fue subjefe del Estado Mayor (2013-2015) y, designado por Netanyahu, jefe del Estado Mayor entre 2015 y 2019. Su gestión se caracterizó por el énfasis en las fuerzas terrestres, la doctrina de las “campañas entre guerras” (operaciones encubiertas para erosionar capacidades enemigas, especialmente de Irán en Siria) y una etapa relativamente calma. En 2016 respaldó el proceso militar contra el soldado Elor Azaria, condenado por haber disparado a un atacante palestino herido en Hebrón, priorizando la disciplina del ejército frente a presiones políticas. Se le asocia con la “doctrina Dahiya”, que aboga por el uso de fuerza abrumadora para disuadir ataques.
Su ingreso a la política fue tardío. En 2022 se sumó a la alianza Unidad Nacional de Benny Gantz y resultó electo a la Knesset. Tras el 7 de octubre se incorporó al gobierno de unidad y al gabinete de guerra como ministro sin cartera y observador. Renunció en junio de 2024, junto con Gantz, por la falta de una estrategia clara para el día después en Gaza y la gestión de la guerra y los rehenes. En 2025 abandonó Unidad Nacional y la Knesset; el 16 de septiembre fundó Yashar (“recto” o “íntegro”), un partido de centro-derecha orientado a la seguridad y a la reconstrucción institucional.
La campaña lleva la impronta de una pérdida personal. Su hijo menor, el sargento mayor de reserva Gal Meir Eisenkot, de 25 años, murió el 7 de diciembre de 2023 en una explosión en un túnel del campo de Jabaliya, en el norte de Gaza, durante una operación vinculada a la recuperación de restos de rehenes. Al día siguiente cayó su sobrino, el sargento Maor Cohen Eisenkot, de 19 años. En noviembre de 2024 murió otro sobrino, el capitán Yogev Pazy, de 22. En el funeral de Gal, Eisenkot prometió que el precio pagado no sería en vano. Ha criticado la prolongación de la guerra sin objetivos claros y la resistencia de Netanyahu a una comisión estatal de investigación sobre los fallos del 7 de octubre.
En el terreno programático, Yashar promete destruir el ala militar y el gobierno de Hamás en Gaza en un plazo de 18 meses, ya sea por vías diplomáticas (en el marco del plan de Donald Trump) o militares. Eisenkot se opone a la solución de dos Estados, a la que ha calificado de “ilusoria” o de “error grave” tras el 7 de octubre, aunque advierte que el control prolongado de Cisjordania arriesga convertir a Israel en un Estado binacional. Apoya los asentamientos en zonas de interés estratégico, pero rechaza la expansión en el área E1 y se compromete a actuar contra la violencia de colonos extremistas. Impulsa un servicio nacional universal (militar o civil) para todos los ciudadanos, incluidos ultraortodoxos y árabes, con exenciones limitadas (alrededor del 3 % por cohorte). También plantea límites de mandatos para el primer ministro, una comisión de investigación sobre el 7 de octubre y medidas para frenar la emigración de profesionales. Ha descartado formar gobierno con Netanyahu, incluso en un esquema de rotación, y condiciona cualquier alianza al reconocimiento de Israel como Estado judío y democrático, a la Declaración de Independencia y al tratamiento de Hamás como organización terrorista.
Las encuestas de los últimos días otorgan a Yashar entre 20 y 23 escaños en la Knesset de 120, por encima del Likud de Netanyahu (en torno a 19-21). El bloque opositor sionista aventaja ligeramente al de Netanyahu (extrema derecha y ultraortodoxos), pero ninguno alcanza los 61 escaños necesarios para gobernar en solitario. Los partidos árabes, con entre 12 y 16 escaños proyectados, podrían resultar decisivos, aunque Eisenkot ha expresado reticencias a incluirlos si no cumplen sus condiciones. Netanyahu, que recibió el respaldo de Trump, acusa a Eisenkot de depender de apoyos árabes y de haber priorizado acuerdos de rehenes sobre la derrota de Hamás. Eisenkot, por su parte, reclama la publicación de las actas del gabinete de guerra.
A diferencia del veterano político que ha dominado la escena israelí durante gran parte de las últimas dos décadas, Eisenkot se presenta como un militar de trayectoria larga y oratoria contenida, oriundo de la periferia y marcado por el duelo familiar. Su atractivo principal, según analistas, radica en no ser Netanyahu en un momento en el que una parte del electorado reclama responsabilidad por el 7 de octubre y por la conducción posterior de la guerra. La aritmética parlamentaria, sin embargo, anticipa una negociación compleja y la posibilidad de un nuevo empate que prolongue la incertidumbre política.

