Leopoldo Deza, uno de los más reconocidos músicos tucumanos (pianista, flautista y compositor con cuatro décadas de trayectoria profesional), publicó este miércoles en Facebook un mensaje que resume la precariedad de los músicos de raíz en su provincia natal. A punto de cumplir 60 años y tras dos años y medio de regreso a San Miguel de Tucumán, el artista relata que lleva días recorriendo oficinas municipales en busca de un permiso para tocar en la vía pública. Ningún funcionario, dice, le ha indicado el camino.
“Voy a cumplir 60 años pronto. Toco hace 40 años. Hace 2 años y medio que volví a vivir en Tucumán. La municipalidad me contrato una vez, el Ente ninguna… El público anda sin plata, mejor se reserva para ver a su famoso favorito”, escribió. Frente a esa realidad, Deza plantea una salida: salir a la calle. “Pensé entonces: salgamos a tocar a la calle, que la gente es solidaria y generosa y seguro un billete pone en el estuche. Y sino… Al menos tocamos esas músicas en vías de extinción y cumplimos con nuestra tarea de músicos”.
El post, que en pocas horas acumuló más de 150 reacciones, 54 comentarios y 22 compartidos, describe el paso por varias dependencias: “Pase por varios funcionarios unos muy amables y otros con el destrato que ya estamos acostumbrados… Y ninguno me dice como conseguir ese permiso. Yo soy educado y trato de no ocupar espacio en la vía pública sin permiso, aunque se que la ciudad es mía también porque yo nací aquí”. Y concluye con una pregunta dirigida a quien pueda hacer llegar el reclamo a la intendenta: “No sería lindo una ciudad llena de música en las calles? Ya que no hay plata para contratarnos (parece que toda se la dan a los famosos que cobran carísimo…) podrían facilitarnos tocar gratis en la calle? Alguien que conozca a la intendenta le puede contar que es una ciudad llena de músicos que queremos hacer nuestra tarea?”.

Deza pertenece a la generación intermedia del folklore tucumano y se reconoce heredero del linaje abierto por Rolando “Chivo” Valladares, el prolífico compositor de vidalas, zambas y canciones de los cerros. En la década de 2000 compiló y transcribió la obra del maestro en el libro «Cancionero de Rolando Valladares» (2006). Años después publicó «Corazón alegre» (2017), dedicado al repertorio de Gustavo “Cuchi” Leguizamón. Esas investigaciones lo consolidaron como uno de los custodios de un cancionero que considera “en vías de extinción”.
De Litto Nebbia a las trabas burocráticas
Durante más de veinte años residió en Buenos Aires, donde integró la banda de Litto Nebbia, considerado uno de los fundadores del Rock Nacional, y grabó junto a él el álbum «Canciones de Tucumán a Rosario» (2018). También desarrolló un dúo estable con el trompetista y bajista Ricardo Culotta y fundó el sello independiente La Muda Records, pensado para editar música argentina “sin tener que preguntarle a nadie ni pasar por ningún filtro comercial”. El catálogo incluye trabajos propios («Mi Luna», «Música Argentina», «Música para ver el cielo», «Doble Urbana») y de otros artistas locales. Desde su regreso a Tucumán, en 2024, impulsa ciclos en peñas y espacios de Tafí del Valle bajo el paraguas de “Asfalto y Cerro”, con el propósito declarado de “democratizar los hechos culturales”.
En los comentarios del post aparecen voces que acompañan el reclamo. Natalia Zanotta le escribió: “Leo querido, veni a verme y concretemos algo para la vía pública”. Daniel Kily Lobo, desde la experiencia de quien ha transitado gestiones similares, le advirtió que el permiso formal “no van a otorgartelo porque no tienen ni idea de cómo deben responder a ese petitorio”, y recordó la existencia de leyes, decretos y ordenanzas que protegen el derecho al quehacer artístico y el acceso ciudadano a esas manifestaciones. El propio Deza respondió a otro interlocutor: “Salgamos si a tocar a la calle que la gente se entere que somos un montónazo más que los mismos de siempre”.
Palabra de madre
Gladys Ruiz de Huidobro, madre del músico, intervino en el posteo de su hijo con un mensaje que aporta datos inéditos sobre los inicios de la carrera de Deza y, al mismo tiempo, expresa el desconcierto familiar ante la situación actual.
“Soy la madre de Leopoldo Deza, sí !!!! Y con mucho orgullo, por su valía como músico y compositor, que se distinguió desde muy joven”, escribió. Recordó que Deza fue “el único ganador Argentino, en Composición, de Juventudes Musicales, con dos de sus primeras Obras, una Sinfonía y un Tango”. Esas piezas lo llevaron a Torroella de Montgrí, cerca de Barcelona, donde fueron interpretadas por la orquesta integrada por los profesores del evento internacional.
Ruiz de Huidobro mencionó también los veinte años que su hijo pasó en Buenos Aires, donde “participó con grandes Maestros, Grupos u Orquestas”, y el apoyo que le brindó cuando, hace casi dos años, decidió regresar a Tucumán, a su “Lugar en el Mundo, Tafí del Valle”.
El tono del mensaje cambia hacia el final: “Más nadie pudo imaginar ésto que hoy viven todos los Músicos, Compositores, Cantantes, Bailarines y cuántos más que nos han enriquecido la vida, con su Arte. Con su Impronta que es la Nuestra, Nuestra Intrínseca Pertenencia !!!!… Y que hoy no pueda tocar como aquel principiante que lo hacía en las calles de Europa, con su poncho al hombro y su sombrero de ‘topé de lana negro’, calzado en su cabeza…”.
Deza respondió con mesura: “madre querida no valen ‘alabanzas’ de madre. Agradezco tus palabras. Y si volveré a la calle como cuando era chango lo hice en tantos lugares…. Pero está vez es otra razón”.
La intervención materna, que sumó reacciones inmediatas, pone en evidencia un contraste que el propio músico había planteado: el de un artista que a los veinte años tocó en escenarios internacionales y que, a las puertas de los sesenta, encuentra dificultades para obtener un permiso municipal y actuar en la vía pública de su ciudad natal.
La publicación de Deza no es un episodio aislado. Forma parte de un malestar más amplio entre músicos profesionales de la provincia que, según el propio artista, se ven obligados a tocar “a la gorra” mientras los grandes cachets se concentran en figuras masivas. Con 40 años de oficio a cuestas y una obra que incluye transcripciones fundamentales del folklore tucumano, el músico plantea una pregunta simple y de difícil respuesta institucional: si no hay presupuesto para contratar a los artistas locales, ¿por qué no facilitarles el espacio público para que cumplan su oficio?.

