El mismo problema argentino: El Gobierno de China lanza medidas para incentivar los embarazos

En nuestro país la tasa de fertilidad ha caído drásticamente de 2,3 hijos por mujer en 2014 a 1,23 en 2024, uno de los niveles más bajos de América Latina junto a Chile y Uruguay. Los nacimientos se redujeron casi un 50% en esa década, pasando de unos 777.000 a 413.000 anuales.

En un giro histórico de su política poblacional, China ha endurecido las restricciones sobre los preservativos y otros anticonceptivos como parte de un esfuerzo desesperado por revertir su pronunciada caída de la natalidad.

Tras décadas de aplicar la estricta política del hijo único, el gobierno de Xi Jinping ahora busca incentivar los nacimientos mediante medidas que incluyen la eliminación de exenciones fiscales y límites a la publicidad de métodos anticonceptivos.

Durante 2025, nacieron en China apenas 7,92 millones de bebés, menos de la mitad de los registrados una década atrás y la cifra más baja en registros modernos. La tasa de natalidad se hundió a 5,6 por cada 1.000 habitantes, lo que agrava una crisis demográfica que amenaza el futuro económico del gigante asiático: una población envejecida, menor fuerza laboral y presión creciente sobre el sistema de pensiones y salud.

Medidas restrictivas contra los anticonceptivos

Desde enero de 2026 entró en vigor la eliminación de la exención impositiva que beneficiaba a los anticonceptivos desde 1993. Ahora, preservativos, píldoras y otros dispositivos pagan un IVA del 13%. Paralelamente, plataformas como Douyin —versión china de TikTok— prohibieron la venta y promoción de estos productos en transmisiones en vivo, y los algoritmos redujeron la visibilidad de contenidos relacionados con la sexualidad.

Las consecuencias fueron inmediatas. Las ventas de Durex, la marca líder, cayeron un 5% en el primer trimestre de 2026, tras haber crecido más del 40% el año anterior.

Incentivos y sus limitaciones

Pekín ha implementado múltiples medidas pro-natalidad: subsidios de hasta 3.600 yuanes (alrededor de 500 dólares) por niño menor de tres años, cobertura total de gastos médicos durante el embarazo —incluido el tratamiento de fertilidad in vitro— y exenciones fiscales para servicios de cuidado infantil. Se estima que estas políticas demandarán hasta 180.000 millones de yuanes en 2026. Sin embargo, los resultados han sido magros.

Los jóvenes chinos enfrentan altos costos de vivienda, salarios estancados y una cultura laboral exigente que desalienta la formación de familias numerosas. La tasa de fertilidad total ronda el 1,0 hijo por mujer, muy por debajo del 2,1 necesario para el reemplazo poblacional.

Comparación con Argentina y Europa

La crisis china no es un caso aislado, aunque su escala sí lo es. En Argentina, la tasa de fertilidad ha caído drásticamente de 2,3 hijos por mujer en 2014 a 1,23 en 2024, uno de los niveles más bajos de América Latina junto a Chile y Uruguay. Los nacimientos se redujeron casi un 50% en esa década, pasando de unos 777.000 a 413.000 anuales. Factores como la inestabilidad económica, el alto costo de vida y los cambios culturales explican gran parte de esta tendencia.

En Europa, la situación es aún más acentuada. La tasa de fertilidad promedio de la Unión Europea se ubicó en 1,34 en 2024, con países como Italia, España y Grecia por debajo de 1,2. Naciones como Francia (1,61) y Bulgaria (1,72) resisten mejor gracias a políticas de apoyo familiar más consolidadas, pero el continente enfrenta un envejecimiento poblacional estructural que obliga a depender de la inmigración.

A diferencia de China, donde el Estado interviene con medidas restrictivas sobre anticonceptivos, la mayoría de los países europeos y Argentina apuestan principalmente a incentivos positivos: licencias parentales extendidas, subsidios directos y guarderías asequibles. La experiencia global indica que estas políticas logran solo aumentos marginales y temporales en la fertilidad.

La ironía en el caso chino resulta evidente: después de controlar férreamente los nacimientos durante más de tres décadas, Pekín ahora recurre a medidas que rozan lo coercitivo para revertir el declive. Tanto Argentina como Europa observan con atención estas experiencias, conscientes de que la sostenibilidad demográfica representa uno de los mayores desafíos del siglo XXI.

 

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