Dos marchas opuestas pusieron en evidencia la polarización extrema que se vive en el Reino Unido

En un sábado marcado por máxima tensión, decenas de miles de personas tomaron las calles de Londres en dos manifestaciones opuestas que reflejaron como pocas veces la polarización extrema que vive el país.

Por un lado, la marcha “Unite the Kingdom” (Unir el Reino), convocada por el activista de extrema derecha Tommy Robinson (cuyo nombre real es Stephen Yaxley-Lennon), reunió a unas 50.000 personas que partieron desde Holborn, en el centro de la ciudad.

Por otro lado, la marcha antifascista y pro-palestina para conmemorar el Día de la Nakba (el 78º aniversario del éxodo palestino de 1948), organizada por el grupo Stand Up to Racism, atrajo a unas 30.000 personas que salieron desde el oeste de Londres.

Operativo policial sin precedentes

La Policía Metropolitana desplegó un operativo sin precedentes: 4.000 agentes, caballos, perros, drones, helicópteros y reconocimiento facial en vivo por primera vez, con un costo estimado de 4,5 millones de libras (unos 6 millones de dólares). Se prohibió la entrada al Reino Unido de 11 agitadores extranjeros de extrema derecha, entre ellos la influencer estadounidense Valentina Gómez.

Consignas y fracturas sociales

En la marcha de Tommy Robinson se defendió la “unidad nacional, la libertad de expresión y los valores cristianos”, con denuncias explícitas contra la inmigración masiva y las políticas migratorias del Gobierno. En la contramanifestación, algunos corearon consignas como “Muerte a las FDI”, mientras la policía advirtió que arrestaría a quien gritara “globalicen la intifada”. Desde octubre de 2023, se han realizado 33 marchas pro-palestinas en el Reino Unido.

La respuesta del Gobierno

El primer ministro Keir Starmer (Laborista) condenó duramente la marcha de Robinson: “Cualquiera que pretenda sembrar el caos en nuestras calles, intimidar o amenazar a otros enfrentará todo el peso de la ley”. Al cierre de la jornada, se reportaron entre 11 y 43 detenciones por delitos menores de orden público.

El Gobierno laborista, que llegó al poder en 2024 con una victoria aplastante, se encuentra hoy en una crisis existencial. En las elecciones locales y regionales de principios de mayo de 2026, el Partido Laborista sufrió un desastre histórico: perdió más de 1.100-1.500 concejales y el control de decenas de ayuntamientos.

El gran ganador fue Reform UK, el partido populista de derecha de Nigel Farage, que sumó más de 1.300-1.400 escaños y se consolidó como la tercera fuerza política.

La popularidad de Starmer se ha derrumbado. Dentro de su propio partido hay una rebelión abierta: el exsecretario de Salud Wes Streeting dimitió y ya anunció que disputará el liderazgo. El alcalde de Greater Manchester, Andy Burnham, también se perfila como posible rival.

El activismo de Tommy Robinson ha crecido exponencialmente en este vacío, con el apoyo virtual de Elon Musk en marchas anteriores.

Por todo esto, este sábado 16 de mayo de 2026 Londres no solo fue escenario de dos marchas rivales: fue el espejo de un Reino Unido fracturado. Inmigración, identidad nacional, libertad de expresión, antisemitismo y la guerra en Gaza se entrecruzan en un cóctel explosivo mientras el Gobierno de Keir Starmer lucha por su supervivencia.

La polarización ya no es solo entre izquierda y derecha: es una sociedad que parece partirse en dos, con un centro político cada vez más vacío y extremos que ganan terreno.

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