Especialistas alertan que el fuerte avance del chikungunya en la provincia no constituye un episodio aislado, sino el reflejo de tendencias estructurales —cambio climático, urbanización desordenada y deficiencias en el saneamiento ambiental— que podrían convertir al virus en endémico en el NOA en los próximos años.
Tucumán registra este año un récord de 423 casos confirmados, transmitidos por el mosquito Aedes aegypti. El incremento de las temperaturas y la extensión de los períodos cálidos favorecen la reproducción constante del vector, mientras que la acumulación de basura y el crecimiento urbano sin planificación adecuada crean condiciones ideales para su proliferación.
Expertos consultados coinciden en que el virus irrumpió con fuerza debido a esta combinación de factores. El cambio climático extiende las ventanas de actividad del mosquito, y la convivencia con otras enfermedades transmitidas por el mismo vector —como el dengue— plantea el riesgo de coinfecciones que podrían complicar los cuadros clínicos y saturar el sistema sanitario.
“El desafío futuro implica mejorar la infraestructura urbana y prepararse para posibles coinfecciones con dengue”, señalan los especialistas. La transformación del chikungunya en una enfermedad endémica en la región del NOA obligaría a una revisión profunda de las políticas de prevención, control vectorial y saneamiento básico.
Vecinos de barrios como Alejandro Heredia, donde los casos continúan en aumento, reclaman mayor atención a la eliminación de criaderos y una gestión más eficaz de los residuos. Las autoridades sanitarias ya han reforzado las campañas de descacharreo, pero los expertos advierten que, sin intervenciones estructurales, el panorama podría agravarse en las temporadas venideras.
El episodio actual sirve como llamada de atención: la salud pública en la provincia enfrenta amenazas que trascienden lo estacional y demandan respuestas sostenidas en el tiempo.

