“No sé lo que está pasando”… “Yo a vos te creo y sé que no sos capaz de hacerle daño a nadie”… “Estoy revisando mentalmente día a día, desde el viaje a Cafayate hasta ahora, y nunca vi nada extraño en tu casa, nada raro. Ahí me quedo tranquila”… “Vi las entrevistas a la familia y ellos dicen que la chica estaba con miedo porque la perseguía un auto y que ese vehículo estuvo dando vueltas el día y en el lugar donde encontraron el cuerpo”… “Será que te están haciendo una cama”.
Esos fueron los mensajes que Justina Gordillo envió a Felipe “El Militar” Sosa cuando ya se encontraba fuera de Tucumán. Las frases, recuperadas de su teléfono celular, plantean un interrogante central en la investigación por el femicidio de Érika Antonella Álvarez: ¿estaba la empleada judicial verdaderamente convencida de la inocencia de su pareja o formaban parte de una estrategia para eludir responsabilidades en el presunto encubrimiento?
La Justicia tucumana enfrenta ahora ese dilema. Sin embargo, según las pericias realizadas al equipo telefónico de Gordillo, no existirían hasta el momento pruebas concretas de que la mujer haya participado directamente en el crimen ni en su encubrimiento.
Gordillo, prosecretaria de la Corte Suprema de Justicia de la provincia y detenida en el marco de la causa, mantenía una relación con Sosa, principal imputado por el asesinato de Álvarez. Los mensajes analizados corresponden a un período posterior a los hechos y reflejan un tono de apoyo y desconcierto ante la situación.
La pericia al celular de la funcionaria judicial también reveló otros elementos que la pesquisa continúa analizando, como mensajes borrados, referencias a sustancias y vínculos previos con la víctima. No obstante, nada de ello alcanza, por ahora, para sostener una imputación por participación en el homicidio o en maniobras de ocultamiento.
En este contexto, los investigadores no descartan que Gordillo haya sido, a su vez, víctima de violencia de género por parte de Sosa. Del análisis del teléfono surgieron indicios de posibles agresiones físicas no denunciadas, situaciones de control y aislamiento respecto de sus amistades, así como escenas de celos extremos. Incluso se detectaron referencias a un episodio en el que la mujer habría sido dopada y abusada sexualmente durante una reunión, según su propio relato, ante lo cual Sosa habría respondido con una broma.
Estos elementos agregan una nueva capa de complejidad a la causa. Si bien no modifican la situación procesal de Gordillo en relación con el femicidio, plantean la posibilidad de que su conducta responda, al menos en parte, a una dinámica de sometimiento o temor dentro de la pareja.
El caso, que conmociona a Tucumán desde enero, avanza con lentitud en los tribunales. La familia de Érika Antonella Álvarez reclama respuestas y exige que se esclarezca no solo la autoría material del crimen, sino también cualquier posible complicidad en los hechos que rodearon su muerte.
Mientras tanto, los mensajes de Gordillo a Sosa, sumados a los indicios de violencia en la relación, contribuyen a una investigación que acumula indicios, testimonios y pericias técnicas. La Justicia deberá determinar el peso real de cada factor en un expediente que sigue abierto y en evolución.

