El economista tucumano Ricardo Arriazu, una de las voces más escuchadas en el entorno del presidente Javier Milei, atribuyó el bajo crecimiento de la economía argentina a la política monetaria del Banco Central de la República Argentina, que priorizó la acumulación de reservas internacionales por encima de la expansión del crédito interno. En su exposición durante el 31° Simposio Internacional de Economía organizado por Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina, realizado en el Alvear Palace Hotel de Buenos Aires y del que participó el viceministro de Economía José Luis Daza, Arriazu sostuvo que el país reúne condiciones para expandirse por encima del cinco por ciento anual, pero permanece estancado en torno al dos por ciento.
«Cosecha récord, producción récord de hidrocarburos, ganancia en minería, menos compra de divisas por parte del sector privado, términos de intercambio favorables. Deberíamos estar creciendo arriba del cinco y estamos estancados creciendo menos del dos», afirmó el fundador de Arriazu Macroanalistas. La explicación, según su diagnóstico, reside en la «demasiada compra de divisas por parte del Banco Central. Esa es la política monetaria». El organismo, bajo la conducción de Santiago Bausili, acumuló más de 15.569 millones de dólares en compras durante 2026, superando en más de la mitad la meta anual de 10.000 millones acordada con el Fondo Monetario Internacional, con reservas brutas que cerraron en torno a los 50.152 millones.
Esta línea de argumentación no es nueva en el pensamiento de Arriazu. En agosto, cuando las reservas superaron los 50.000 millones por primera vez en la administración Milei, ya había advertido que el BCRA había atesorado «demasiados dólares» y que el equilibrio entre compras de divisas y expansión del crédito interno se había roto, lo que contrajo el financiamiento disponible para el sector privado y generó aversión al riesgo en el sistema bancario. En aquella oportunidad sostuvo que el Gobierno había financiado parte de las adquisiciones retirando crédito interno, un mecanismo que ahora reitera como el principal freno al despegue de la actividad, a pesar de que la campaña agrícola 2025/2026 proyecta 163,2 millones de toneladas de granos y de que la producción de petróleo alcanzó un récord histórico de 939.422 barriles diarios en septiembre.
La falta de credibilidad
El Banco Mundial recortó recientemente su proyección de crecimiento para la Argentina en 2026 de 3,6% a 2,1%, un ajuste que coincide con el Relevamiento de Expectativas de Mercado del propio BCRA. Arriazu vinculó esta brecha entre el potencial y el resultado efectivo con la falta de credibilidad internacional, que obliga al país a sobrecompensar con reservas una deuda neta del sector público que, según sus cálculos, equivale a apenas 37 puntos del producto. «Nuestro nivel de deuda comparado con el resto del mundo es nada. El problema es que nadie nos cree. Somos estafadores seriales», dijo, en referencia a la historia de defaults y reestructuraciones que mantiene elevada la prima de riesgo.
En el plano patrimonial, el economista destacó que los argentinos acumularon unos 430.000 millones de dólares en el exterior desde 2003, de los cuales una porción significativa permanece no declarada, lo que convierte al país en una economía sólida desde el punto de vista de los activos, aunque institucionalmente frágil. Mencionó además el superávit comercial energético de 9.427 millones de dólares entre enero y septiembre, un 20% superior al del año anterior, y el potencial de proyectos mineros como Vicuña en San Juan, descrito como el mayor descubrimiento de cobre en treinta años. «La Argentina tiene lo que el mundo necesita: energía, litio, cobre, plata. Y la manera de sacarlo», afirmó, al tiempo que advirtió que «si nos hacemos los locos, la cachetada que vamos a recibir va a ser fenomenal, porque no es por interés nuestro, es por interés de los demás».
El diagnóstico se inscribe en un contexto global de endeudamiento récord, donde el Fondo Monetario Internacional proyecta que la deuda pública mundial alcanzará el 124% del producto, y donde potencias como Francia destinan 25 puntos del PBI solo a jubilaciones. Arriazu contrastó estas limitaciones demográficas y fiscales con la posición de la Argentina, que podría aprovechar su matriz de recursos estratégicos si lograra reconstruir la confianza de los mercados. Mientras el Gobierno proyecta acumular 20.000 millones de dólares en reservas antes de fin de año, la crítica del economista más próximo al círculo de Milei pone en el centro del debate si la política de esterilización y acumulación del BCRA constituye un ancla necesaria o un techo autoimpuesto al crecimiento.
