Filicidio en Villa Alem: La desesperación de un hombre terminó en una tragedia conmocionante

Oscar Mauricio Sosa, quien cumplía prisión domiciliaria por tráfico de estupefacientes, asesinó a su hijo de ocho años con autismo severo y luego se quitó la vida. Iban a trasladarlo a Córdoba. Dejó una carta en la que explicó su decisión. Su hermana relató el drama cotidiano que vivían.

La mañana del martes 25 de agosto de 2026 amaneció conmocionada en San Miguel de Tucumán. En una vivienda de la calle Entre Ríos al 1130, en el barrio Villa Alem, fueron hallados sin vida Oscar Mauricio Sosa y su hijo de ocho años, identificado como Ignacio Tadeo Sosa o S. I. T., quien padecía autismo severo y un retraso madurativo que lo colocaba en una situación de profunda indefensión.

El hombre, que cumplía prisión domiciliaria, le habría suministrado una sobredosis de medicamentos al niño para que no sintiera dolor y luego lo asfixió. Después se ahorcó. Dejó una carta manuscrita en la que intentó justificar el acto: dijo que no iba a poder soportar que nadie cuidara a su hijo como él lo hacía y que el pequeño “no sintió nada”. También mencionó que debía ser trasladado próximamente a Córdoba por una causa judicial.

El hallazgo ocurrió después de que Sosa enviara, alrededor de las cuatro de la madrugada, mensajes a sus otros dos hijos mayores pidiéndoles que fueran a la casa hacia las ocho. Al llegar, los jóvenes encontraron la escena trágica y alertaron a las autoridades. Intervinieron efectivos de la Comisaría Seccional Segunda y la Unidad Fiscal de Homicidios a cargo del fiscal Carlos Sale. Peritos del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales trabajaron en el lugar.

La hermana de Sosa describió con crudeza la situación que vivía su hermano. “La situación era desesperante realmente”, afirmó. Explicó que él estaba desempleado, no podía salir a trabajar por la prisión domiciliaria y se hacía cargo las veinticuatro horas del día del niño, que requería atención permanente. “Lo cuidaba las 24 horas del día. Lo cuidaba todo el tiempo”, relató. Agregó que la relación entre padre e hijo era “excelente” y que los hermanos colaboraban económicamente. La separación de la madre del menor, ocurrida aproximadamente un mes y medio antes, había dejado a Sosa como único cuidador. “Ningún indicio” había de lo que iba a ocurrir, aseguró. Y agregó: “Él lo hacía con mucho cariño, pero quizás pensó que otra persona no lo iba a atender como él”.

El comisario Roque Íñigo, subjefe de la Policía de Tucumán, confirmó la hipótesis inicial de homicidio seguido de suicidio y destacó la condición del niño: “El menor tenía el problema de autismo y aparte un retraso madurativo importante que también lo colocaba en una situación de mucha indefensión”. Señaló que Sosa estaba próximo a ser trasladado a Córdoba y que esa información había sido aportada por los hijos mayores.

Sosa cumplía prisión domiciliaria por una condena relacionada con el transporte de estupefacientes. La medida le había sido concedida en buena medida por la necesidad de cuidar a su hijo con discapacidad severa. En los últimos días habría sido notificado de que esa situación podía modificarse y que debía trasladarse a Córdoba, circunstancia que, según la reconstrucción, precipitó el desenlace.

La investigación continúa. Se aguardan las autopsias que confirmarán las causas exactas de ambas muertes. El caso, que ha generado profunda conmoción, expone el cruce entre una restricción judicial, el agotamiento de un padre solo frente a las exigencias de un niño con autismo severo y una desesperación que terminó en tragedia.

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