Un nuevo estudio sobre el sistema de fallas del sur de California volvió a instalar la inquietud por un eventual gran terremoto en la región. La investigación determinó que la acumulación de tensión tectónica alcanzó uno de los niveles más elevados registrados en los últimos mil años, aunque los especialistas remarcan que este dato no permite establecer una fecha para la ocurrencia de un sismo mayor.
El análisis, centrado en la falla de San Andrés y su vínculo con la falla de San Jacinto, identificó un punto crítico en el área conocida como Cajon Pass. Según explicó la geofísica Liliane Burkhard, de la Universidad de Berna, esa zona podría comportarse como una suerte de “puerta sísmica”, capaz de contener o, por el contrario, facilitar la propagación de una ruptura entre ambos sistemas de fallas.
El escenario que más preocupa a la comunidad científica es aquel en el que una ruptura logre conectar ambas estructuras. De concretarse esa hipótesis, el resultado podría ser un terremoto de magnitud 7,5, con consecuencias potencialmente severas para una de las regiones más pobladas de Estados Unidos.
Aunque el estudio no anticipa un plazo concreto para un evento de estas características, el hallazgo renueva la atención sobre el denominado “Big One”, el hipotético gran terremoto asociado a la ruptura de un segmento significativo de la falla de San Andrés o de otras fallas vinculadas a ella.
La falla de San Andrés recorre buena parte de California y constituye el límite entre las placas tectónicas del Pacífico y de Norteamérica. Se trata de una de las estructuras geológicas más estudiadas del mundo, debido tanto a su historial sísmico como a la densidad poblacional de las áreas que atraviesa, lo que convierte a la región en una de las zonas de mayor vigilancia sísmica de Estados Unidos.
El término “Big One” se emplea desde hace décadas para referirse a un gran terremoto hipotético que podría originarse en este sistema de fallas. Si bien los científicos insisten en que la acumulación de tensión no permite predecir con exactitud cuándo podría producirse un evento de magnitud considerable, el monitoreo constante de estas estructuras busca mejorar la comprensión del riesgo sísmico y la capacidad de respuesta ante un eventual desastre.

