El primer juicio por mala praxis médica en Tucumán comenzó con una escena marcada por el silencio de los tres acusados. Álvaro Páez, Federica María Carolina Castro y Florencia María Jerez decidieron no declarar ante el tribunal por la muerte de Matías Juárez, un niño que ingresó a un sanatorio para una operación de amígdalas y murió cinco días después.
El caso se remonta a octubre de 2016. La acusación sostiene que distintas intervenciones médicas posteriores a la cirugía no permitieron detectar a tiempo las complicaciones que sufrió el paciente. La causa llegó a juicio bajo la figura de homicidio culposo.
Para la familia, el inicio del debate significó también un reencuentro con los profesionales que atendieron al niño. “Después de diez años, recién les veo las caras a los médicos, que tuvieron la posibilidad de declarar y se negaron a hacerlo”, dijo María Luna, madre de Matías.
La mujer también explicó por qué la familia no realizó una denuncia inmediata tras la muerte. “A mi hijo no le hicieron autopsia porque yo no lo podía creer, no entendía que él ya no lo iba a tener más; por eso no hice la denuncia. Diez días después me contacté con Silvia Furque (abogada querellante) y comenzamos a andar este camino”, relató.
La ausencia de una autopsia constituye uno de los principales argumentos de las defensas. La querella, en cambio, sostiene que existen otros elementos para reconstruir la evolución clínica del menor y establecer las responsabilidades que atribuye a cada profesional.
La acusación contra el cirujano
El otorrinolaringólogo Álvaro Páez fue quien realizó la intervención. Según la acusación, Matías llegó al Sanatorio San Lucas por un cuadro de infecciones frecuentes en la garganta. Los estudios previos indicaron que estaba en condiciones para la operación y que presentaba un nivel de riesgo bajo.
La cirugía comenzó a las 11 y terminó a las 12.30. El expediente sostiene que el procedimiento se extendió más de lo habitual por un sangrado en la garganta. Para los fiscales, Páez no habría determinado de manera adecuada el origen de esa pérdida de sangre ni habría tomado las medidas necesarias para resolverla.
Después de la intervención, Matías fue trasladado a una habitación. Allí presentó distintos signos que alertaron a su madre: dificultad para abrir los ojos, fuertes dolores de cabeza, labios morados y descenso de la temperatura corporal.
Páez revisó al menor y solicitó la intervención de terapia intensiva. Poco después, Matías ingresó a esa unidad.
La acusación sostiene que, frente a ese cuadro, no se realizaron a tiempo estudios complementarios ni interconsultas con otros especialistas. Según el Ministerio Público, esas medidas podrían haber permitido advertir el daño cerebral que ya se encontraba en evolución.
Las complicaciones continuaron durante las horas siguientes. El niño sufrió nuevos episodios de vómitos con sangre y coágulos. La situación derivó en un shock, dificultades respiratorias y pérdida de la capacidad para proteger la vía aérea.
El 21 de octubre fue intubado y recibió asistencia respiratoria mecánica. La fiscalía sostiene que Páez volvió a revisar al paciente sin detectar el origen del sangrado y sin solicitar otros estudios para determinar sus causas.
Matías permaneció en terapia intensiva durante los días posteriores. Finalmente, murió el 25 de octubre de 2016, cinco días después de la operación, a causa de un accidente cerebrovascular isquémico asociado al período posterior a la amigdalectomía.
Qué le atribuyen a Federica Castro
La segunda acusada es Federica María Carolina Castro, médica especializada en terapia intensiva. En la actualidad trabaja en el Hospital de Niños. Hasta 2021 formó parte del servicio de terapia intensiva del Sanatorio San Lucas.
Castro recibió al menor después de que Páez detectara su deterioro. La acusación sostiene que Matías ya presentaba palidez y cianosis alrededor de la boca cuando ella intervino.
El niño ingresó a terapia intensiva cerca de las 13.30. De acuerdo con la fiscalía, Castro conocía los síntomas que había comunicado la madre, pero no habría realizado todos los estudios e interconsultas necesarios para establecer el origen del cuadro.
Horas después apareció un nuevo signo de alarma: vómitos. Para los acusadores, la respuesta médica permitió una mejoría momentánea, pero no resolvió el problema central. La investigación sostiene que no se determinó de inmediato la causa del sangrado ni se aplicaron medidas suficientes para detenerlo.
El expediente también menciona un cuadro de shock hipovolémico, acidosis metabólica e hipotermia. Para la acusación, esa situación exigía una respuesta rápida y la participación de otros especialistas.
La fiscalía atribuye a esas omisiones una incidencia directa en el deterioro irreversible de Matías.
Jerez y las últimas horas críticas
La tercera imputada es Florencia María Jerez, pediatra especializada en terapia intensiva. Actualmente ocupa el cargo de directora de Residencia de Terapias Intensivas del Siprosa.
Jerez tomó la guardia de terapia intensiva del San Lucas a las 20 del 20 de octubre. Dos horas después, Matías sufrió otro episodio de vómitos con sangre y abundantes coágulos. El cuadro provocó una descompensación hemodinámica.
Según la acusación, la médica aplicó una respuesta que solo produjo un efecto transitorio. El niño volvió a vomitar sangre cerca de las 23.30. La fiscalía sostiene que tampoco en esa oportunidad se estableció de inmediato el origen del sangrado.
La situación empeoró durante la madrugada del 21 de octubre. Cerca de las 3.30, Matías sufrió un nuevo episodio de vómitos. Además, presentó signos de shock, taquipnea y dificultades para proteger la vía aérea.
Jerez detectó además alteraciones en las pupilas del menor, un signo que la acusación considera de especial gravedad. Para la fiscalía, no se aceleraron de manera suficiente los estudios por imágenes ni las consultas con especialistas.
El cuadro continuó hasta convertirse en irreversible. Matías murió cuatro días después.
Un juicio que llega una década después
El debate oral abrió así una etapa clave para determinar qué ocurrió durante las horas posteriores a una cirugía que, en principio, presentaba un bajo nivel de riesgo.
Los tres profesionales rechazaron declarar durante la primera jornada y deberán enfrentar ahora el proceso judicial por la muerte de Matías Juárez. La acusación buscará demostrar que existieron omisiones médicas que contribuyeron al desenlace fatal.
Para la familia, el juicio representa el final de una espera de casi una década. María Luna llegó a esta instancia diez años después de la muerte de su hijo, con una causa que atravesó distintas etapas antes de alcanzar el debate oral.
El tribunal deberá establecer si las decisiones y omisiones atribuidas a Páez, Castro y Jerez constituyeron conductas negligentes y si tuvieron relación causal con la muerte del niño.

