En abril se anunció el cierre de al menos tres sucursales bancarias en el centro de San Miguel de Tucumán. Se trata de tres dependencias del Banco Galicia ubicadas en Barrio Sur, Barrio Norte y sobre la calle San Martín, en el corazón de la city local. El fenómeno se extendió ahora a Yerba Buena, donde el Banco Macro decidió cesar las actividades en una de sus sucursales.
La entidad Macro, históricamente vinculada a empleados cercanos a la conducción de La Bancaria junto al Banco Nación y la Caja Popular, mantiene su rol como agente financiero provincial, pero no ha escapado a la tendencia de ajustes en su red de atención al público.
Esta semana, los clientes habituales del supermercado Gómez Pardo, ubicado sobre avenida Perón en Yerba Buena, se encontraron con carteles que anunciaban el cierre de la sucursal instalada en el predio. Un efectivo de seguridad informó que las operaciones se trasladarán a Avenida Aconquija, a más de diez cuadras de distancia. En el lugar se mantendrán cajeros automáticos para mitigar el impacto en los usuarios.

El ajuste se enmarca en un contexto más amplio de recortes en el sector bancario, impulsado por la reconversión tecnológica, la caída en la atención presencial —que se redujo alrededor del 30% interanual— y la necesidad de reducir costos operativos. En el país, ya cerraron cerca de 300 sucursales en los últimos dos años.
Fuentes del gremio bancario habían advertido sobre paros y protestas por despidos y cierres en distintas provincias, en un panorama que afecta la atención al público en varias regiones del país.
El cierre en Yerba Buena representa un cambio concreto para los vecinos de una zona en crecimiento, donde la sucursal cumplía un rol relevante en el día a día comercial y de servicios. Las entidades financieras continúan redefiniendo su operativa en el interior, priorizando la eficiencia y la digitalización, aunque ello genera inconvenientes para los usuarios que dependen de la atención presencial.

