En la madrugada de este lunes, un grupo de jóvenes fue demorado por la Policía de Tucumán mientras colocaba afiches difamatorios contra el empresario Julio Valenzuela, propietario de El Tucumano, en el centro de la capital provincial. Los individuos fueron liberados poco después.
El episodio de humildes trabajadores nocturnos se inscribe en una serie sostenida de acciones públicas de presión que contrasta con las movilizaciones masivas y logísticamente costosas organizadas por el gremio La Bancaria en defensa del diputado nacional Carlos Cisneros. Desde octubre de 2025, el sindicato ha desplegado marchas con recursos evidentes: remeras uniformes, paraguas corporativos, globos, artistas contratados y una cuidada puesta en escena.
Aquella primera movilización, de tono pseudo-feminista, contó con la participación destacada de figuras como Patricia Neme y Cecilia Sánchez Blas, y buscaba respaldar públicamente a Cisneros, siempre bajo la excusa de la supuesta víctima Lourdes “Luli” Parache.
El 30 de diciembre de 2025, el juez Augusto José Paz Almonacid sobreseyó a los cuatro jugadores de Vélez Sarsfield en una causa local y remitió las actuaciones a la Justicia Federal por posibles delitos de trata de personas y asociación ilícita. Desde entonces, el magistrado, junto con Valenzuela y miembros del Tribunal de Cuentas, se convirtió en blanco recurrente de panfletos, pegatinas y escraches públicos.
En febrero de 2026 reaparecieron en Tucumán afiches con leyendas explícitas contra el juez Paz Almonacid. En marzo y abril, la campaña se extendió a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con carteles colocados en zonas estratégicas, incluido el Palacio de Justicia de la Nación.
El 4 de mayo, dos dirigentes sindicales, Emilia Gutiérrez Cutín y Andrea Escaño Aragón, fueron grabadas mientras amenazaban y humillaban a un joven empleado de la Caja Popular de Ahorros por haber difundido un audio interno. Tres días después, unas 200 mujeres marcharon uniformadas con remeras negras y paraguas del gremio. Escracharon al juez Paz Almonacid, a Valenzuela y al periodista Germán García Hamilton de El Federalista. La columna incluyó performances y discursos, sin referencias a los jugadores de Vélez.

Pese a tener el mismo fin, la humildad de los pegatineros nocturnos —trabajadores informales— contrastó con la opulenta marcha del jueves pasado, en la que la titular de la Asociación Bancaria, Cecilia Sánchez Blas, denunció una supuesta “opresión” contra esas mujeres que manifestaron.
Perras (u ovejas) en manada
“Las mujeres bancarias nos movemos en manada”, declara la secretaria general Cecilia Sánchez Blas a modo de manifiesto en el cierre del video de la canción “Perras”, interpretada por Nancy Pedro, la infaltable artista en los escraches públicos que realiza el gremio.
El video (y todo el disco) de esta taficeña, empleada de la Legislatura de Tucumán, adscripta a Hugo Ledesma —cuya testigo de casamiento es una de las hijas de Carlos Cisneros—, está producido por el gremio y protagonizado por mujeres de la Bancaria.
“Y en esta batalla somos perras: jauría feroz / Leal, inmortal manada”, reza la letra de la canción feminista.
Tristemente, en este feminismo de alquiler que se movilizó el jueves solo se vieron ovejas “en manada”, arriadas a través de las amenazas de un par de dirigentes.
Según la definición sociológica, “manada” es un proceso en el cual un individuo pierde su autoconciencia y su juicio crítico al disolverse dentro de una multitud grande, que busca la reducción de la responsabilidad personal. El sujeto siente que sus actos individuales quedan ocultos bajo las acciones del grupo. Así como sucedió el jueves.
Coincidentemente, siempre las bancarias llamaron «violación en manada» con dramático sentido peyorativo a las relaciones sexuales que mantuvo Luli Parache, según la Justicia consentida, con los jugadores de Vélez Sarsfield.

