El peor momento de Trump en la guerra: La OTAN no quiere ayudar en el estrecho de Ormuz

En medio de la tercera semana de guerra contra Irán, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta uno de sus momentos más críticos en el frente diplomático. Su llamado urgente a los aliados para que envíen buques de guerra al estrecho de Ormuz y ayuden a desbloquear el vital paso marítimo ha sido recibido con un rotundo rechazo por parte de sus socios más cercanos, evidenciando una profunda grieta en la alianza occidental y un duro golpe a su estrategia de presión máxima contra Teherán.

La negativa ha sido clara y, en algunos casos, contundente. El primer ministro británico, Keir Starmer, declaró que el Reino Unido no se verá «involucrado en una guerra más amplia» en Irán. Alemania fue aún más directa: su ministro de Defensa, Boris Pistorius, sentenció: «Esta no es nuestra guerra, no la empezamos nosotros». La postura fue secundada por Francia, Australia y Japón, que descartaron por el momento cualquier operación de seguridad en la zona, mientras que Corea del Sur y China se limitaron a evaluar la situación sin compromisos.

La petición de Trump, lanzada el sábado a través de su red Truth Social y dirigida a naciones como Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, Corea del Sur, Australia y China, buscaba conformar un «esfuerzo conjunto» para reabrir el estrecho. Al ver la tibia respuesta, el presidente estadounidense elevó el tono en una entrevista con el *Financial Times*, advirtiendo que la falta de apoyo sería «muy perjudicial para el futuro de la OTAN».

Horas después, en declaraciones a la prensa, endureció aún más su mensaje: «Que recibamos apoyo o no, pero puedo decir esto, y se lo dije a ellos: lo recordaremos», amenazó Trump, en un intento por presionar a los aliados.

Sin embargo, sus palabras no han hecho mella en las capitales europeas y asiáticas. El portavoz del canciller alemán, Friedrich Merz, subrayó que la guerra contra Irán «no tiene nada que ver con la OTAN» y que «no es una guerra de la OTAN». Esta postura refleja la interpretación de que la alianza atlántica tiene un propósito defensivo, y no debe ser un instrumento para una ofensiva emprendida de manera unilateral por uno de sus miembros.

Ironías de un aliado incómodo

Analistas señalan la ironía de la situación. Tal como recuerda el corresponsal diplomático de la BBC, Paul Adams, Trump ha pasado años criticando e incluso atacando verbalmente a los aliados de la OTAN, llegando a reclamar Groenlandia, un territorio soberano de Dinamarca, miembro de la alianza. «Esto quizás ayude a explicar por qué algunas respuestas han sido bastante directas», apunta Adams.

El general Nick Carter, exjefe del Estado Mayor de la Defensa de Reino Unido, fue igualmente crítico: «No estoy seguro de que ese sea el tipo de OTAN al que cualquiera de nosotros quisiera pertenecer», afirmó a la BBC, refiriéndose a una alianza donde un miembro pueda obligar a los demás a seguirlo en una guerra por elección propia.

El costo de la guerra se dispara

El trasfondo de esta crisis diplomática es una escalada bélica con consecuencias económicas globales devastadoras. El cierre de facto del estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del petróleo mundial, ha provocado la mayor interrupción del suministro de la historia. El precio del crudo Brent se ha disparado por encima de los 105 dólares por barril, y la gasolina en Estados Unidos ha subido un 24% desde el inicio del conflicto, situándose en un promedio de 3,70 dólares por galón, un duro golpe para la economía doméstica y un dolor de cabeza para la administración Trump.

Mientras tanto, Irán intensifica su respuesta. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, ha calificado de «delirantes» las ideas de una tregua y ha insistido en que el estrecho «está abierto, pero solo está cerrado a nuestros enemigos». La guerra se ha expandido más allá del golfo Pérsico: un ataque con dron iraní cerró temporalmente el Aeropuerto Internacional de Dubái, el más transitado del mundo, y se han reportado impactos en instalaciones petroleras de Emiratos Árabes Unidos. Israel, por su parte, continúa bombardeando Beirut y Teherán, mientras que más de 800.000 personas han sido desplazadas en Líbano.

En este contexto de fuego cruzado, precios descontrolados y un frente aliado resquebrajado, Donald Trump enfrenta no solo un desafío militar, sino quizás la crisis de liderazgo más aguda de su mandato, viendo cómo la «guerra de Trump» se convierte en un asunto cada vez más solitario.

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