La reciente difusión en redes sociales de una supuesta “prueba” extraída de los archivos judiciales de Jeffrey Epstein ha revivido una de las teorías conspirativas más extravagantes: el presunto asesinato de Donald Trump durante una visita a Argentina y su posterior reemplazo por un doble originario de Tucumán.
El post en cuestión presenta esta narrativa como hecho verificable, apoyándose en un correo electrónico desclasificado. Dicho documento, parte del conjunto liberado por el Departamento de Justicia estadounidense, contiene efectivamente un email donde Sarah Ransome —una de las acusadoras de Epstein— menciona afirmaciones sensacionalistas sobre Trump.
TUCUMAN ES DEMENSIA Y CONSPIRACIÓN ✅✅ pic.twitter.com/ufmbTlCvbH
— ALIEN👽 (@aliendro1902) March 3, 2026
La conexión con Tucumán surge de una confusión deliberada o negligente. En otros correos de Epstein, sí aparece un tucumano: el artista contemporáneo Tomás Saraceno, nacido en San Miguel de Tucumán. Saraceno fue recomendado en 2010 por una conocida de Epstein para posibles colaboraciones artísticas; el financista rechazó la sugerencia de forma despectiva. No existe vínculo alguno entre Saraceno y delitos, ni mucho menos con Trump o cualquier reemplazo corporal.
Su mención es puramente profesional y marginal.
Esta amalgama —un email retractado + un artista tucumano rechazado— ha dado lugar a la fantasía de un “Trump clon tucumano” gobernando desde Washington. Carece de respaldo documental, testimonial creíble o lógico: ni fotos, ni testimonios consistentes, ni alteraciones detectables en la biografía pública de Trump sustentan la hipótesis.
