El Gobierno de Javier Milei ordenó un resguardo preventivo de instalaciones sensibles, representaciones diplomáticas y colectividades judías. Esta acción se enmarca en la alineación plena con Washington y Tel Aviv, junto a un seguimiento permanente de los organismos de inteligencia ante eventuales retaliaciones.
Luego del ataque aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel contra blancos estratégicos en Irán, la administración nacional resolvió subir a «alto» el nivel de alerta en todo el país.
El propósito es evitar sucesos en territorio argentino frente a la escalada del conflicto en Medio Oriente y la clara toma de posición de la Casa Rosada a favor de la alianza comandada por Estados Unidos e Israel.
Resguardo anticipado y vigilancia fronteriza
Mediante un comunicado de la Oficina del Presidente, el Ejecutivo informó que se fortalecieron los operativos de custodia en infraestructura crítica, embajadas y espacios de la colectividad judía.
La meta declarada es «asegurar la integridad, la vida y la libertad de los ciudadanos» en un contexto de inestabilidad internacional.
Al mismo tiempo, se puso en marcha un protocolo especial en los límites del país coordinado por el Ministerio de Seguridad y la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). Este plan comprende:
– Intensificación de los controles en los pasos de entrada y salida del territorio.
– Mayor trazabilidad de los movimientos entre fronteras.
– Seguimiento constante en colaboración con agencias de inteligencia extranjeras para identificar riesgos o amenazas de manera inmediata.
La postura de Milei
La determinación de incrementar la alerta no es casual. La gestión libertaria estableció como pilar de su política exterior el alineamiento sin condiciones con Estados Unidos e Israel. Esta proximidad estratégica coloca a la Argentina en una situación de exposición distinta a la de otras naciones de la región.
Hace apenas un mes, el Gobierno catalogó oficialmente a la «Fuerza Quds» -el cuerpo de élite de la Guardia Revolucionaria iraní- como una organización terrorista. En ese sentido, el Ejecutivo recordó que el país ya fue blanco del terrorismo internacional en los años 90 con los atentados a la Embajada de Israel (1992) y a la AMIA (1994), hechos que la justicia argentina relaciona directamente con acciones de Irán.
Diplomacia en estado de atención
La situación de los argentinos en la zona de conflicto también está bajo observación. El Ministerio de Relaciones Exteriores, a cargo del canciller Pablo Quirno, ya había emitido recomendaciones de precaución para los connacionales en Medio Oriente.
Por su lado, la Embajada argentina en Israel -a través de su consulado en Tel Aviv- exhortó a los residentes a acatar estrictamente las indicaciones del «Home Front Command» y localizar los refugios más próximos.
Vale recordar que la representación diplomática en Irán funciona de manera remota desde «Azerbaiyán» desde el año pasado, cuando el personal fue reubicado por motivos de seguridad.
Con el Sistema de Inteligencia Nacional en sesión permanente, el Gobierno procura calibrar con exactitud sus próximas decisiones, manteniendo un distanciamiento total del régimen del Ayatollah Ali Khamenei y afianzando su papel como aliado estratégico de Occidente en el Cono Sur.
