En las elecciones legislativas del 26 de octubre, los presos habilitados mostraron una marcada preferencia por el espacio kirchnerista, con resultados que difieren notablemente de las tendencias generales.
En las recientes elecciones legislativas, los establecimientos penitenciarios de todo el país se convirtieron en un termómetro político inesperado. Con 86.400 internos habilitados para votar en 317 cárceles, alcaidías e institutos de menores, los resultados revelaron un patrón electoral claramente diferenciado del resto de la sociedad, con el kirchnerismo emergiendo como fuerza hegemónica.
En la Ciudad de Buenos Aires, los números fueron contundentes: Fuerza Patria obtuvo 503 votos, representando el 69,6% del total carcelario. La distancia con las demás fuerzas fue abismal: La Libertad Avanza alcanzó apenas el 12,7% (92 votos), seguida por Ciudadanos Unidos con 10,9% (79 votos) y el Frente de Izquierda y de los Trabajadores con 6,8% (49 sufragios).
Esta tendencia se replicó en otras provincias, consolidando un fenómeno que ya se había observado en comicios anteriores. En Mendoza, por ejemplo, el peronismo también se impuso por amplio margen entre la población carcelaria, confirmando un patrón que trasciende las regiones.
El proceso electoral dentro de las unidades penitenciarias se realizó utilizando la Boleta Única de Papel (BUP), en cumplimiento de la ley que garantiza el derecho al voto para las personas privadas de su libertad. Sin embargo, este derecho continúa generando controversia y rechazo en amplios sectores de la sociedad.
Los resultados obtenidos plantean interrogantes sobre las dinámicas políticas al interior del sistema carcelario y reflejan una realidad electoral paralela a la expresada en las urnas convencionales. Con Fuerza Patria consolidándose como el partido favorito en las prisiones, el mapa político carcelario confirma su singularidad dentro del espectro electoral argentino.
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