Más de 15 años después de la impune muerte de Paulina Lebbos, por primera vez la Justicia de Tucumán acusa a alguien por el fallecimiento de la joven estudiante de periodismo: César Soto, su novio de entonces, mozo del bar El Mago, ubicado entonces en la intersección de calle Santa Fe y Maipú.
El acusado escuchó del fiscal Carlos Sale los cargos en su contra, y con esto se inició el cuarto proceso que se abre por la causa que estuvo a horas de su prescripción. Pero ahora la Justicia imputó a Soto como presunto homicida de la joven, revelaron fuentes tribunalicias.
Según las investigaciones de la Fiscalía, el acusado recibió a Paulina en su casa la noche del 26 de febrero de 2006, discutió con ella, y la tomó del cuello hasta asfixiarla. Después, según la Justicia, el acusado llamó por celular a Sergio Kaleñuk, quien lo ayudó a deshacerse del cuerpo en la localidad de Tapia, donde sería encontrado dos semanas más tarde.
Este martes, ante la Justicia, el acusado negó los hechos que se le imputan. Dijo que trabajando. También que había arreglado con Paulina que ella lo busque por el bar, pero que la joven nunca apareció. Ante esta situación, Soto aseguró que se fue a tomar algo con un amigo tras el cierre del lugar. Después durmió hasta tarde al día siguiente.
Según la Justicia, la relación con Kaleñuk tenía como origen a Atlético Tucumán, donde Soto era hincha, y hijo del entonces secretario privado del gobernador José Alperovich, dirigente. Ambos se conocían, según la fiscalía, por la barra brava de Atlético Tucumán.
La desaparición y muerte de Paulina
La joven fue a bailar el 25 de febrero de 2006 con un grupo de amigas a un boliche del ex Abasto. Cuando salió, después de caminar unas cuadras, se subió junto a su compañera de facultad Virginia Mercado a un remise que la trasladó primero hasta la casa de su compañera y después la llevaría hasta la casa de Soto. La joven desapareció y su cuerpo fue hallado el 11 de marzo en la vera de la ruta que conduce a Raco.
A partir de allí se inició una polémica investigación en la que hasta ahora se pudo comprobar una sola cosa: hubo una intrincada red de encubrimiento que impidió establecer quién mató a Paulina. Por esa razón, el caso sigue impune.
