Antonio Grimau, cuyo nombre de nacimiento era Antonio Rebolini, falleció el lunes 19 de octubre a las 23 horas a los 82 años en el Hospital Municipal de Rehabilitación Respiratoria María Ferrer de la Ciudad de Buenos Aires, donde había ingresado el jueves anterior por complicaciones derivadas de una enfermedad pulmonar intersticial difusa que lo afectaba desde hacía meses y que lo había obligado a bajar de un proyecto teatral de temporada en Villa Carlos Paz junto a Andrea del Boca.
La Asociación Argentina de Actores confirmó la noticia en un comunicado en el que destacó que “a través de su trabajo en los escenarios y las pantallas construyó una sólida trayectoria que forma parte de la historia del espectáculo argentino”, y abrazó a sus familiares, amistades y colegas en el momento de dolor, mientras colegas como Osvaldo Santoro, quien confirmó que lo acompañaba su hija Antonia, y Moria Casán recordaron su condición de actor de raza y de persona entrañable.

Nacido el 10 de marzo de 1944 en Remedios de Escalada, partido de Lanús, Grimau llegó a la actuación a los 16 años después de responder a un aviso clasificado del diario Clarín que buscaba actores para una obra de Bertolt Brecht en el teatro Charles Chaplin de Almagro, donde permaneció cuatro años y adoptó su apellido artístico a partir de una canción dedicada al político español Julián Grimau, fusilado durante el franquismo, en un camino que lo llevó a formarse con referentes como Juan Carlos Gené y a integrar la Asociación de Actores desde 1970.
Su carrera abarcó más de seis décadas en teatro, cine y televisión, con papeles de galán en telenovelas como Trampa para un soñador, Dos a quererse, Soy gitano, Ricos y famosos y Rolando Rivas, taxista, además de obras teatrales que incluyeron Los invertidos, dirigida por Alberto Ure, El avaro y Vamo’ los pibes, su último trabajo en el Multiteatro en 2026 junto a Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro, y un debut cinematográfico en La Mary de Daniel Tinayre.
Uno de los momentos culminantes llegó en 2018 cuando interpretó a Roberto Sánchez en su etapa adulta en la miniserie Sandro de América, dirigida por Adrián Caetano, un papel que le valió el Martín Fierro como actor protagonista de unitario o serie y que le permitió rendir homenaje a un ídolo de su adolescencia, sumándose al Premio Podestá a la Trayectoria Honorable que había recibido en 2005 de la Asociación de Actores y el Senado de la Nación.
La vida de Grimau estuvo marcada por pérdidas tempranas: antes de los 13 años perdió a su padre, a una hermana y a su madre en un lapso de siete meses, y en 2010 falleció su hijo Lucas, fruto de su relación con la actriz Leonor Manso, tragedias que el propio actor describió en entrevistas como momentos en los que la vocación teatral lo salvó y le permitió continuar construyendo una carrera que lo convirtió en una de las figuras más queridas y versátiles del espectáculo argentino.

