Emprender es, muchas veces, un salto al vacío lleno de ilusiones, pero también de duras realidades. Así lo demostró el reconocido pastelero Mariano Sosa, quien, al cumplirse exactamente un año de la apertura de su sandwichería “La Mano de Dios”, compartió una profunda y sincera reflexión en sus redes sociales sobre las razones que lo llevaron a tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: cerrar las puertas de su nuevo local para priorizar su bienestar.
Con una trayectoria de 14 años en el mundo de la pastelería, Mariano detalló cómo aquel proyecto —cuyo nombre muchos asociaban erróneamente con Diego Maradona, pero que en realidad hacía referencia a cómo sentía que Dios había bendecido el talento de sus manos— pasó de ser un gran anhelo a convertirse en una carga insostenible.
El peso detrás del mostrador: Cuando el negocio te quita la energía
Abrir la sandwichería significó crear una carta con recetas propias e imaginar cada detalle con muchísima ilusión. Sin embargo, el día a día demostró tener sus propias reglas. «Con el paso de los meses entendí que ese negocio requería una energía completamente distinta. La administración, los costos, los proveedores, la organización, el personal y los problemas diarios empezaron a ocupar toda mi cabeza», confesó el emprendedor.
Ese ritmo arrollador empezó a desplazar lo verdaderamente importante: su salud mental y el crecimiento de su marca principal, Mariano Sosa Pastelería. Ante este panorama, decidió dar un paso al costado.
«Sí, perdí mucho dinero. No tengo problema en decirlo. Pero gané algo mucho más valioso: tranquilidad.»
— Mariano Sosa
Saber soltar también es una forma de crecer
A contracorriente de la idea romantizada del éxito empresarial a cualquier costo, el descargo de Mariano funciona como un faro de honestidad para la comunidad emprendedora. Lejos de vivir el cierre como un fracaso, el pastelero lo resignificó como un profundo aprendizaje y un acto de amor propio.
«A veces creemos que cerrar una puerta es fracasar, cuando en realidad también es una forma de cuidarse. Hoy ese capítulo está completamente cerrado. Lo recuerdo con cariño, con aprendizaje y sin ninguna tristeza», aseguró, dejando en claro que hoy se encuentra más enfocado que nunca en potenciar el proyecto que ama desde hace más de una década.
Su historia, resumida bajo el título «Lecciones de un sueño fallido: Mi experiencia con una Sandwichería», abrió un necesario debate en las plataformas digitales sobre la salud mental en el ecosistema emprendedor y la importancia de entender que los sueños también evolucionan.
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