La tensión social derivada de las inclemencias climáticas en el sur de la provincia ha derivado en un complejo escenario judicial. Diez mujeres residentes de la localidad de Graneros han sido imputadas formalmente por el Ministerio Público Fiscal, tras una serie de incidentes en los que se habrían proferido amenazas directas contra la integridad de la intendenta, Raquel Graneros, en el marco de una protesta por las inundaciones que afectaron la zona.
El proceso, impulsado por la Unidad Fiscal de Decisión Temprana de Concepción, busca determinar las responsabilidades penales en una jornada de reclamos que escaló hacia la violencia verbal y el hostigamiento. Según consta en el expediente, las acusadas habrían increpado a la mandataria municipal con expresiones que excedieron el legítimo derecho a la protesta, configurando, a criterio de la fiscalía, el delito de amenazas previsto en el Código Penal.
El trasfondo del conflicto se sitúa en los anegamientos que sufrieron diversos sectores de Graneros tras los últimos temporales. La desesperación de los vecinos ante la pérdida de bienes materiales y la percepción de una respuesta estatal insuficiente actuaron como catalizadores de un malestar que terminó por desbordar los canales institucionales de diálogo. Sin embargo, desde el ámbito judicial se enfatizó que la vulnerabilidad social no justifica la comisión de actos delictivos ni la coacción contra funcionarios públicos.
Durante la audiencia de formulación de cargos, se presentaron evidencias fílmicas y testimoniales que comprometerían a las diez vecinas identificadas. Mientras la defensa técnica de las imputadas alega un contexto de «extrema necesidad» y una reacción emocional ante la crisis, la fiscalía sostiene que es imperativo preservar el orden y la seguridad de las autoridades, independientemente de la validez de los reclamos de fondo.
Este caso pone de manifiesto la creciente judicialización de la protesta social en contextos de catástrofe climática. Mientras las familias afectadas demandan soluciones de infraestructura definitivas para evitar nuevos desbordes, el Poder Judicial envía una señal inequívoca sobre los límites de la manifestación ciudadana, dejando claro que el exabrupto y la amenaza personal no serán admitidos como herramientas de presión política o social.

