Caso Vélez: Asociación Ilícita, la causa que más complica a Cisneros, a Neme y la denunciante

¿Qué es lo que muestran las pruebas sobre la noche del supuesto abuso? A continuación, la reconstrucción a partir estrictamente del expediente con las que la defensa de José Florentín denunció una Asociación Ilícita para perjudicarlo a él y a sus compañeros de equipo.

La historia no empezó en un juzgado ni en una conferencia de prensa. Empezó en una habitación de hotel y siguió en mensajes enviados de madrugada, en audios compartidos entre amigas, en palabras que no estaban pensadas para convencer a nadie.

A las 22:02 del 2 de marzo, ante el pedido de Carlos Sebastián Sosa de que llevara amigas, L.P. respondió por mensaje:
“No, la verdad que estas cosas las hago sola. Me manejo con mucha cautela y estamos todos en pareja.”
Ese intercambio, incorporado por pericia UFED, no hablaba de trabajo ni de coerción. Hablaba de una decisión personal.

Horas después, ya dentro de la habitación 407 del hotel Hilton, L.P. escribió a una amiga:
“Adiviná dónde estoy… con los de Vélez, sola.”
No hay pedido de auxilio en esa frase. Hay sorpresa, incluso excitación. Hay relato.

A las 6:18 del 3 de marzo, L.P. le envió a Sosa un emoji: un ratón entregando un corazón.
Ese gesto digital quedó registrado. También quedó registrado que fue enviado después del supuesto abuso.

A las 12:10 del mediodía de ese mismo día, siete horas después del encuentro, L.P. escribió a una amiga:
“Ayer me regalaron una chomba de Vélez. Un jugador se la saca y me la da, tenía su perfume. Dormí con eso.”

No es una frase arrancada del miedo. Es una anécdota. Es memoria fresca. Es relato espontáneo.

Milagro C., amiga íntima, declaró luego que ese mismo 3 de marzo L.P. envió un audio al grupo contando que “estaba todo bien” y que “no había pasado nada”. Ese audio, según consta en el expediente, tenía tono normal, sin llanto ni alteración.

Martín E. confirmó ese clima cuando declaró que, el domingo siguiente, Milagro le contó que L.P. decía que “la había pasado excelente, que la pasó de diez” y que su única preocupación era “que no la quemen”.

Otro testigo, Santiago SH., relató que Milagro se reía al contarle la situación y hablaba de la “adrenalina que necesitaba”.
Tomás R. recibió un audio en el que ella decía estar “chocha, contenta, satisfecha”.

Las cámaras del hotel completaron el cuadro: L.P. salió caminando normalmente, erguida, doblando una camiseta. Esa camiseta volvió a aparecer en otro mensaje:
“Ayer me regalaron una chomba de Vélez… tenía su perfume.”

Todo eso ocurrió antes del giro.

El quiebre aparece más tarde, cuando entra en escena Patricia Neme. A partir de entonces, los mensajes cambian de tono. Ya no narran lo ocurrido, sino el conflicto de estar siendo empujada.

En un mensaje recuperado por pericia UFED, L.P. escribió:
“Es absurdo negar que estuve en un mal manejo de todas las partes, siendo prisionera de muchas cosas que no compartía ni comparto.”
Y agregó:
“Haciendo la vista ciega porque no me queda opción, sobre todo sin poder de decisión, teniendo que cumplir órdenes, sin preguntar ni chistar.”

El diputado nacional Carlos Cisneros y la abogada Patricia Neme, los dos más comprometidos en la demanda.
El diputado nacional Carlos Cisneros y la abogada Patricia Neme, los dos más comprometidos en la demanda.

No hablaba de los jugadores. Hablaba del proceso.

Ese mismo desplazamiento aparece con crudeza en un mensaje enviado a Rosario M., días después del hecho:
“En un momento dije que no me habían tocado. Después empiezo a hablar que me manipuló y ahí lo hago pingo a Sosa, jajá.”
Y remata:
“La abogada me hizo dar cuenta que había sido abusada.”

Esa frase —“la abogada me hizo dar cuenta”— quedó incorporada al expediente. No fue negada. No fue explicada. Solo quedó.

Mientras tanto, las amigas empezaron a borrar. Eso también quedó escrito. En un mensaje recuperado del teléfono de Milagro C., enviado a Santiago S., se lee:
“La abogada nos agarró los dos teléfonos y se puso a eliminar mensajes. Teníamos que eliminar mensajes para que coincidan las conversaciones y no salgan los audios. Estuvimos como una hora y pico.”

Ese mismo día, Milagro declaró en Fiscalía que había borrado mensajes “por intimidad”. Pero en otro mensaje, enviado a Tomás R., confesó:
“Voy a ser sincera. Yo borré algunos, jaja, que Lourdes me ponía que había pasado bien o que tenía miedo de perjudicarla en algo, como que en su relato no sea creíble.”

No hay eufemismos ahí. Dice “para que sea creíble”.

El mensaje que revela cómo se "armó" la causa borrando mensajes contrarios a la falsa denuncia.
El mensaje que revela cómo se «armó» la causa borrando mensajes contrarios a la falsa denuncia.

La pericia psicológica cerró el círculo. La licenciada Natalia Alba Mendieta consignó que el encuentro habría sido “inicialmente consentido” y que luego se produjo una “resignificación subjetiva del hecho”, vinculada a culpa, ambivalencia y presiones externas. El propio abogado de la denunciante admitió en audiencia que se trataba de un hecho resignificado.

Cuando el juez leyó todo junto —mensajes, audios, cámaras, pericias— la conclusión fue inevitable. No porque descreyera de una mujer, sino porque creyó en la prueba. Y cuando ordenó remitir las actuaciones a la Justicia Federal, no fue para castigar a L.P., sino para protegerla.

¿Por qué proteger a L.P.? Porque la joven se encuentra actualmente investigada como integrante de una Asociación Ilícita. Ahora, cuando recién se ha iniciado la feria judicial y todavía las actuaciones aún deben ser enviadas a la Justicia Federal, la demanda de Florentín contra la joven como partícipe de la organización encabezada por Cisneros es la primera con posibilidades de movimiento apenas comience el año judicial en febrero. Y es en esta causa, a diferencia de las otras dos, en la única en la que la L.P. puede ser condenada, ya que en las otras dos (Abuso y Trata de Personas), ella figura como víctima.

El rol atribuido a Carlos Cisneros en la presunta Asociación Ilícita

Según la demanda por Asociación Ilícita presentada por Florentín, Cisneros habría cumplido un rol central como sostén político, institucional y material del entramado que —siempre de acuerdo con esa presentación— permitió direccionar, amplificar y sostener una denuncia penal que luego fue descartada por la Justicia provincial.

La acusación no sostiene que Cisneros haya intervenido directamente en la redacción de la denuncia ni en los contactos iniciales entre la denunciante y los futbolistas, sino que le atribuye haber puesto “todo el poder jurídico, comunicacional y logístico de la Asociación Bancaria” al servicio de una estrategia que, según la demanda, tuvo como finalidad construir un caso penal viable aun cuando los propios mensajes de la denunciante y su entorno inmediato lo desmentían.

La demanda sostiene que el beneficio que habría perseguido Cisneros no era económico directo, sino político y simbólico, en tanto el caso le permitía posicionarse públicamente como referente en la defensa de los derechos de las mujeres, un rol que —según el escrito— él mismo ha promovido en reiteradas oportunidades.

Uno de los mensajes recuperados que fue incluido en la demanda de Florentín relata cuál era el rol de Cisneros: «No, pasa que el la hace entrar en la Caja, y después ella, bueno cuando le pasa todo esto le cuenta a su jefa, la jefa al jefe, el jefe habla con Carlos, entonces ahí Carlos empieza a mover todos sus contactos, es un vago re pesado en Tucumán. Y bueno, la abogada le consigue el y todo».

Y sigue: «Y después, ponele, Cisneros ha hecho que la muevan de fiscalía, no sé qué otra cosa, pero es como que está lleno de contactos y bueno, está ayudando en eso…». (Ver abajo).

Los mensajes de una tal Clemen, cercana a la denunciante, sobre el caso.
Los mensajes de una tal Clemen, cercana a la denunciante, sobre el caso.

En otro de los mensajes, la mismísima denunciante critica a la jueza por sus decisiones y expresa su confianza en que la organización podrá perjudicar a la magistrada, por supuesto que con otras palabras (ver abajo).

La denunciante jactándose del poder de la organización que la apoyaba.
La denunciante jactándose del poder de la organización que la apoyaba.

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