Una mujer de 47 años fue detenida por confeccionar al menos 19 certificados falsos de salud y educación para cobrar la Asignación Universal por Hijo (AUH), un caso que expone grietas en los mecanismos de control de los programas sociales. La imputada, que operaba con impunidad según la fiscalía, replicaba firmas y sellos de profesionales y cobraba por sus servicios, evadiendo durante un tiempo indeterminado la supervisión estatal.
El hecho, investigado por la Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad I, plantea un interrogante central: ¿Cómo pudo una persona actuar de manera tan sistemática sin que las instituciones responsables detectaran las irregularidades? La mujer utilizaba nombres ficticios de escuelas y centros de salud, lo que sugiere que los sistemas de verificación de la ANSES no cruzaban datos de manera efectiva o no validaban la autenticidad de las instituciones declaradas.
La auxiliar fiscal Brito Ledesma, a cargo del caso, afirmó: “Sorprende la impunidad con la que se ha manejado. Operaba con una estructura estable y con medios técnicos, con un nivel de organización para mantenerse en la comisión de estos delitos”. Sus declaraciones no solo describen el modus operandi de la acusada, sino que indirectamente reflejan la falta de controles suficientes para prevenir este tipo de fraudes.
La detención se produjo solo después de una investigación focalizada, lo que deja en evidencia que el sistema no cuenta con filtros automáticos o alertas tempranas capaces de identificar patrones de fraude de manera proactiva. Además, el hecho de que la imputada falsificara firmas de directores, vicedirectores y médicos sin que estos lo reportaran de inmediato, también abre dudas sobre la comunicación entre las instituciones educativas, de salud y el organismo pagador.
El juez a cargo de la causa decretó la prisión preventiva de la mujer por tres meses, mientras se profundiza la investigación para determinar si existía una red más amplia detrás de las falsificaciones. Sin embargo, el caso deja al descubierto una vulnerabilidad alarmante: la facilidad con la que se puede burlar, de manera reiterada, un sistema diseñado para proteger a los sectores más vulnerables.
Mientras la causa avanza, la pregunta que queda flotando es cuántos casos similares han pasado desapercibidos y qué tan robustos son realmente los controles que deben garantizar que la ayuda estatal llegue a quienes realmente la necesitan.
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