Comenzó mucho antes, pero la entrega de 100 ambulancias en el Hipódromo de Tucumán, para las 93 comunas de la provincia, fue el acto más desvergonzado que vivió la política tucumana en mucho tiempo. Y fue el gobernador Juan Manzur, también precandidato suplente por la lista Lealtad Peronista del Frente de Todos, el protagonista de tan aberrante hecho de clientelismo que marcó la pauta para que al resto de los frentes no les importe en lo más mínimo lo que permite y prohíbe el Código Electoral Nacional.
En su mayoría y en distintas medidas, junto con Manzur, son el vicegobernador Osvaldo Jaldo (precandidato a diputado por Todos por Tucumán) y el intendente de Capital, Germán Alfaro (precandidato a senador por Juntos para Construir) los que usan recursos del Estado para instalar su mensaje proselitista a donde quiera que vayan.
En el caso de Jaldo, y casi como una broma de mal gusto, son los bomberos a los que ayuda permanentemente con fondos de la Legislatura los que se encargan de mostrar el largo de la manguera. O serán, también, los encargados de apagar los incendios que está dejando la cruenta interna que libra con el titular del Poder Ejecutivo y quien preside el Partido Justicialista, del que es la segunda máxima autoridad.
Por su parte, ya desde hace un tiempo que Alfaro envía a su esposa Beatriz Ávila, compañera de fórmula en la boleta para senadores, en representación suya a supervisiones de obra e inauguraciones en el ámbito del municipio que administra como jefe municipal.
No es algo nuevo. Lo hicieron también en 2017, cuando se renovaban cinco de las nueve bancas de la Cámara baja del Congreso de la Nación.
Este último fin de semana, el gobernador Manzur tuvo una agenda de actividades maratónica. Recorrió desde las 9 y hasta cerca de la medianoche el departamento de Concepción. Lo hizo junto a miembros de su gabinete y otros funcionarios de rango menor a los que nominó como “compañeros” y “amigos”. Una estrategia no muy elaborada para camuflar campaña con gestión y viceversa.
