La disputa entre la médica veterinaria Patricia El-Kadi y el Colegio de Veterinarios de Tucumán escaló hasta los tribunales ordinarios. La profesional decidió presentar una demanda contra la entidad y denunció una serie de episodios de hostigamiento y malos tratos que, según su versión, se extendieron durante años.
El-Kadi sostuvo que el conflicto llegó a un punto límite por las presiones que recibió sobre el contenido de sus plataformas digitales. En ese sentido, afirmó: «Me cansé del hostigamiento, me cansé de los malos tratos, me cansé de que ellos intenten que yo baje mis redes sociales».
El origen de la controversia estuvo en una publicación vinculada con la alimentación de las mascotas. La veterinaria difundió un video con recomendaciones sobre los riesgos que, según explicó, pueden generar determinados alimentos de baja calidad para la salud de los animales.
En ese material también aconsejó a sus seguidores: «No compres esos alimentos de forrajería, de dietética». La publicación generó un reclamo formal de una empresa multinacional. El-Kadi retiró el video y ese episodio terminó con un acuerdo entre las partes.
Sin embargo, la profesional cuestionó que el Colegio de Veterinarios tomara ese caso como fundamento para avanzar con una sanción que consideró excesiva.
Una multa que la veterinaria consideró desproporcionada
Uno de los principales puntos de la demanda está relacionado con la penalidad que recibió. El Colegio le impuso una multa equivalente al pago anticipado de cinco años de matrícula, una medida que El-Kadi calificó como desmedida frente al hecho que originó el expediente.
La veterinaria cuestionó la severidad de la sanción y planteó una comparación para graficar su postura. «Me ponen una multa de 5 años, como que yo hubiera agarrado y destripado un animal frente a la calle», expresó.
El-Kadi también reprochó la falta de diálogo con las autoridades de la institución. Según afirmó, nunca recibió un llamado del Colegio para conocer su situación o plantearle alternativas antes de la aplicación de la sanción.
En ese punto, reclamó: «Nunca el Colegio de Veterinarios jamás me llamó por teléfono. Nunca tuve una reunión con ellos donde ellos me digan: ‘¿Qué necesitas?’».
El conflicto por las redes sociales
La disputa también abrió una discusión sobre los límites que puede tener un organismo profesional sobre el contenido que difunden sus matriculados en redes sociales.
El-Kadi sostuvo que las intimaciones y advertencias que recibió excedieron el ámbito de una discusión ética sobre el ejercicio de la profesión. Según su denuncia, las presiones buscaron condicionar de manera directa sus publicaciones y su actividad informativa.
Por ese motivo, decidió recurrir a la Justicia con documentación y elementos que, según indicó, respaldan su denuncia de hostigamiento.
La profesional también dejó en claro que no pretende abandonar sus plataformas digitales por las presiones que atribuye al Colegio. En ese sentido, afirmó: «No tengo por qué seguir recibiendo llamaditas de nadie del Colegio de Veterinarios donde a mí me digan qué puedo subir, qué puedo enseñar y qué no puedo enseñar».
Ahora será la Justicia la que deberá analizar el planteo de la veterinaria y determinar si la sanción cuestionada y las actuaciones de la entidad se ajustaron a las normas que regulan el ejercicio profesional. El caso también plantea un interrogante sobre hasta dónde puede llegar el control de los colegios profesionales sobre la comunicación pública de sus matriculados.

