El café dejó de ser solo un hábito diario para convertirse en una verdadera tendencia de culto en la provincia. Sin embargo, el fenómeno está dando un paso más allá de las tazas servidas en los locales especializados de Barrio Norte o Yerba Buena: Tucumán empieza a perfilarse como una zona con potencial real de cultivo y producción local.
El Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP) ha comenzado a impulsar líneas de análisis para evaluar la viabilidad de la producción de café en la provincia. Gracias a sus condiciones microclimáticas específicas en las zonas de yungas y pedemonte —que ofrecen la humedad y la altura necesarias—, Tucumán asoma como un terreno fértil para el desarrollo de variedades de café de especialidad.
De la planta a la taza: un ecosistema en expansión
Esta iniciativa no solo busca abastecer el creciente consumo interno, sino también ofrecer una alternativa de diversificación a la matriz productiva tradicional de la provincia, históricamente volcada al azúcar y el limón.
Paralelamente, la cultura de especialidad sigue ganando terreno en la provincia, impulsada por baristas locales y nuevos emprendimientos que educan al consumidor sobre el origen del grano, los métodos de filtrado y el tueste artesanal.
Con la mira puesta en el mediano plazo, el sector apuesta a que, dentro de poco, el café servido en las mesas tucumanas no solo sea seleccionado y tostado acá, sino también cosechado en suelo propio.

