La Justicia federal investiga la hipótesis de que el cargamento de casi 470 kilos de cocaína decomisado en Río Seco, Tucumán, ingresó al país mediante un vuelo clandestino y fue descargado en territorio catamarqueño antes de ser transportado por tierra hacia Famaillá. El procedimiento, que se convirtió en el segundo secuestro más importante de esa sustancia en la historia provincial, refuerza las sospechas sobre el rol de la región como centro de acopio en las rutas del narcotráfico del norte argentino.
El operativo se concretó sobre la Ruta Nacional 157, donde efectivos de Gendarmería Nacional interceptaron una camioneta Toyota Hilux que circulaba desde el sur provincial con destino a Famaillá. Durante el control, el nerviosismo del conductor, un hombre de 60 años, motivó una inspección que permitió descubrir 449 paquetes de cocaína distribuidos en varias bolsas verdes. Los ladrillos llevaban el sello del “delfín” y el cargamento fue valuado en más de 2,3 millones de dólares.
El fiscal federal Rafael Vehils Ruiz calificó a la causa como de “gran envergadura” y anticipó que se buscará identificar a todos los integrantes de la organización. “Estamos frente a una investigación de gran envergadura y avanzaremos hasta las últimas consecuencias porque se trata de una estructura dedicada al tráfico de importantes cantidades de estupefacientes”, señaló.
Los investigadores destacan varios elementos llamativos: la droga era trasladada como una carga comercial común y las bolsas utilizadas coinciden con las halladas en procedimientos previos vinculados a presuntos vuelos narco. “Todo está siendo analizado. Lo que prácticamente descartamos es que una cantidad de esta magnitud haya ingresado al país por una ruta terrestre convencional”, afirmó Vehils Ruiz.
La pesquisa reveló que el conductor detenido tiene vínculos familiares con Jorge “Pelaín” Nassif, figura recurrente en investigaciones por narcotráfico en el sur tucumano. Además, se identificaron otros nombres de interés, entre ellos el titular registral de la camioneta con domicilio en Lomas de Tafí, aunque el vehículo era utilizado habitualmente por un hombre con actividad comercial en Famaillá y aspiraciones políticas en sectores vinculados al ex gobernador Juan Manzur.
Según las hipótesis judiciales, el cargamento tenía como destino un centro de acopio en Famaillá. Desde allí, parte de la droga habría permanecido en Tucumán y el resto se habría distribuido hacia otras provincias. Esto cobra relevancia por el rol que se le atribuye a Nassif como presunto proveedor mayorista para puntos de venta en el interior provincial y en Santiago del Estero.
El caso se enmarca en las advertencias de fiscales federales sobre el cambio de estrategias de las organizaciones criminales. El endurecimiento de los controles fronterizos habría impulsado el uso de provincias del interior para “enfriar” la droga antes de enviarla a grandes centros de distribución. Las estadísticas lo confirman: en 2026, los secuestros de cocaína en Tucumán alcanzaron los 831 kilos, un 24,2% más que en el mismo período de 2025.
La sospecha de un ingreso aéreo reaviva las alertas sobre el oeste tucumano como corredor de avionetas, en zonas como Anca Juli, Tafí del Valle y Escaba, donde las cadenas montañosas dificultan la detección por radar. Vehils Ruiz insistió en la necesidad de reforzar la radarización regional, una iniciativa impulsada por el gobernador Osvaldo Jaldo junto a otros mandatarios del NOA ante la secretaria de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva.
El decomiso solo es superado por el de casi 500 kilos registrado en noviembre de 2023 en Burruyacu. Las autoridades confían en que esta investigación aporte elementos clave para comprender el funcionamiento de las redes que utilizan el norte argentino como corredor estratégico del narcotráfico internacional.

