Conmoción Nacional: Murió el Indio Solari, un emblema de la historia del rock argentino

El cantante, compositor y poeta Carlos Alberto Solari, conocido en todo el país como el Indio Solari, falleció este viernes a los 77 años. El artista padecía la enfermedad de Parkinson desde hacía una década, según confirmaron fuentes judiciales y su entorno más cercano.

Nacido el 17 de enero de 1949 en Pergamino, Solari se trasladó con su familia a La Plata durante la década de 1950. En esa ciudad transcurrió su infancia y adolescencia, y allí, en 1976, fundó junto a Skay Beilinson Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, desprendimiento de La Cofradía de la Flor Solar.

La banda se convirtió en uno de los fenómenos más singulares del rock argentino por su estructura variable —llegó a contar con cerca de quince músicos alternando en escena— y por su férrea independencia artística y productiva, ajena a los circuitos comerciales de la época.

El primer disco del grupo, Gulp!, apareció en 1984. Fue grabado en los estudios MIA, propiedad de la familia Vitale, con Lito Vitale como tecladista y técnico de grabación. La producción fue financiada con recursos propios de la banda y distribuida de forma artesanal. Temas como “La Bestia Pop”, “Superlógico”, “Nene, nena” y “Rock del País” —algunos de ellos estrenados en el show de presentación en Cemento— se transformaron con el tiempo en himnos de una generación que encontró en los Redonditos una voz propia, crítica y ajena a las modas.

Tras la separación de los Redonditos de Ricota a comienzos de la década de 2000, Solari continuó su carrera con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y, más tarde, con El Mister y los Marsupiales Extintos. Mantuvo una relación directa y masiva con su público a través de recitales multitudinarios y una discografía que combinó rock, poesía y una mirada desencantada sobre la realidad argentina.

En los últimos años, su salud se vio limitada por el Parkinson, diagnóstico que el propio Solari había mencionado en redes sociales con su habitual ironía. Este viernes, la Unidad Fiscal de Investigación (UFI) 2 de Ituzaingó, a cargo de las actuaciones por averiguación de causales de muerte, informó que “nada indica o señala otra causa de muerte” más allá de la enfermedad que padecía.

La noticia generó una inmediata y profunda reacción en las redes sociales y en la comunidad del rock nacional. Miles de seguidores —los históricos “ricoteros”— expresaron su pesar por la pérdida de una figura que, más allá de los escenarios, representó durante décadas la posibilidad de un rock argentino independiente, poético y contestatario. Su obra y su actitud frente a la industria musical siguen siendo referencia para nuevas generaciones de artistas.

La banda que redefinió el rock argentino

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, conocidos popularmente como Los Redondos, representan uno de los fenómenos más singulares y perdurables de la historia del rock argentino. Formada en La Plata en 1976, la banda liderada por Carlos “Indio” Solari y Eduardo “Skay” Beilinson construyó un universo propio, marcado por una férrea independencia artística, letras cargadas de poesía, crítica social e ironía, y una relación directa y masiva con su público, al margen de los circuitos comerciales tradicionales.

Originaria de la ciudad de La Plata, la agrupación surgió como desprendimiento de La Cofradía de la Flor Solar, un colectivo cultural de la década de 1970. Sus inicios estuvieron teñidos de experimentación teatral y circense: shows con monologuistas, payasos, bailarinas y una troupe variopinta que acompañaba las presentaciones en vivo. Aquel espíritu rupturista se fue depurando con el tiempo, pero dejó una huella imborrable en la estética de la banda.

El nombre “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota” tiene un origen envuelto en anécdotas y leyendas urbanas. Una versión ampliamente difundida remite a un recetario donde aparecía una tal Patricia Rey y una receta de buñuelos de ricota, que habrían sido repartidos en uno de los primeros shows. El Indio Solari y Skay Beilinson, junto a figuras como Ricardo “Rocambole” Cohen en el arte y Carmen “La Negra” Poly como manager, moldearon una identidad inconfundible.

Tras años de presentaciones en pubs y teatros platenses, y un demo grabado en 1982 en los estudios RCA con temas como “Nene, nena”, “Superlógico” y “Mariposa Pontiac”, la banda editó su disco debut en 1985. Gulp!, grabado en los estudios MIA con la participación de Lito Vitale, fue financiado de manera independiente y distribuido de forma artesanal. Canciones como “La Bestia Pop”, “Rock del País” y “Superlógico” se convirtieron rápidamente en himnos.

El ascenso fue vertiginoso. En 1986 llegó Oktubre, con clásicos como “Ji Ji Ji”, “Fuegos de Octubre” y “Preso en mi Ciudad”. Le siguieron Un baión para el ojo idiota (1988), ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado (1989) y La mosca y la sopa (1991), discos que consolidaron su sonido crudo, poético y enérgico, con influencias que iban del post-punk al blues rock, pasando por el rock alternativo.

La formación clásica que acompañó a Solari (voz y composiciones) y Beilinson (guitarra y composiciones) incluyó a Semilla Bucciarelli en bajo, Walter Sidotti en batería y Sergio Dawi en saxo, armónica y piano. A lo largo de su trayectoria, pasaron por la banda decenas de músicos, pero el núcleo creativo permaneció estable hasta la separación.

Los años noventa marcaron su consagración masiva y también sus mayores desafíos. Editaron los dos volúmenes de Lobo suelto, cordero atado (1993), Luzbelito (1996), Último bondi a Finisterre (1998) y Momo Sampler (2000). Sus recitales batieron récords de convocatoria: decenas de miles de personas en estadios como Obras, Huracán, Racing y el Monumental, donde en 2000 reunieron alrededor de 70 mil asistentes.

Sin embargo, el crecimiento trajo problemas. La violencia en los shows, con incidentes policiales y tragedias como la muerte de Walter Bulacio en 1991, llevó a la banda a distanciarse de Buenos Aires y girar por el interior del país. La independencia productiva fue absoluta: editaron bajo sellos propios como Wormo, Del Cielito Records y Patricio Rey Discos, sin concesiones a las grandes discográficas.

Las letras del Indio Solari, densas, cargadas de referencias literarias, filosóficas y sociales, se convirtieron en objeto de culto y análisis. Temas como la alienación, el poder, la marginalidad y la búsqueda de sentido atravesaron toda su obra, siempre con una mirada desencantada pero vital sobre la realidad argentina.

En noviembre de 2001, tras más de 25 años de actividad, la banda anunció su separación. Las diferencias artísticas y el desgaste por la violencia en los recitales fueron algunos de los factores mencionados. Solari y Beilinson continuaron carreras solistas exitosas: el primero con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y proyectos posteriores; el segundo con Skay y los Fakires.

La influencia de Los Redonditos trasciende generaciones. Su legado se mide no solo en ventas y convocatorias, sino en la creación de una cultura ricotera que valora la independencia, la poesía y la resistencia a las modas industriales. Libros, ensayos y documentales han analizado su obra, que sigue siendo referencia obligada para nuevos artistas y para miles de seguidores que encuentran en sus canciones una voz propia y contestataria.

Más de dos décadas después de su disolución, la discografía de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota continúa sonando con fuerza. Temas como “Ji Ji Ji”, “Un Ángel para tu Soledad”, “La Bestia Pop” o “Motor Psycho” forman parte del cancionero esencial del rock nacional, testimonio de una época y de una forma irrepetible de entender la música.

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