Alberto Lebbos esperó más de 20 años para hacer esta explosiva declaración frente a la Justicia y a uno de los acusados de encubrimiento por la muerte de su hija Paulina: «La última llamada que se registra al teléfono de Paulina a las 10.30, 11 de la mañana… es del teléfono de Sergio Kaleñuk… porque forma parte de toda esta red de encubrimiento».
En una sala de audiencias cargada de tensión en los Tribunales de Tucumán, este lunes 9 de marzo de 2026 dio inicio el tan esperado juicio por el homicidio de Paulina Lebbos, la joven estudiante de 23 años cuyo asesinato en 2006 sacudió a la provincia y al país entero.
A dos décadas del crimen, el proceso judicial se centra en dos figuras clave: César Soto, ex pareja de Paulina y padre de su hija, acusado de ser el autor material del homicidio agravado por el vínculo, y Sergio Kaleñuk, imputado por encubrimiento.
El tribunal, integrado por los jueces Gustavo Romagnoli, Luis Morales Lezica y Fabián Fradejas, y con la fiscalía a cargo de Carlos Sale, prevé un debate que se extenderá por al menos dos meses, con más de 70 testigos desfilando por el estrado.
La jornada inaugural del juicio estuvo marcada por declaraciones impactantes. Alberto Lebbos, como primer testigo, no solo relató los detalles del último contacto con su hija, sino que apuntó directamente contra Kaleñuk.
En un momento capturado en video y difundido en redes sociales, Lebbos afirmó que la última llamada registrada en el teléfono de Paulina provenía del aparato de Kaleñuk, integrándolo en una supuesta red de encubrimiento. La reacción de Kaleñuk, visible en las imágenes, fue de evidente incomodidad, con gestos de sorpresa y negación muda que rápidamente se viralizaron.
Última llamada del teléfono de Paulina según @ALBERTO0809 pic.twitter.com/KskKwZ0TJW
— José Inesta (@JoseInesta) March 9, 2026
Por su parte, César Soto, el principal acusado, tomó la palabra para defender su inocencia. «Soy el primero que necesita que se sepa la verdad», declaró ante el tribunal, insistiendo en que él también busca esclarecer los hechos. Los investigadores sostienen que Paulina acudió a su domicilio esa fatídica noche, desatando una discusión fatal, pero Soto niega cualquier involucramiento en el crimen.
Este juicio representa la cuarta instancia judicial en el caso Lebbos, tras procesos previos que terminaron en absoluciones o anulaciones por irregularidades. Alberto Lebbos ha expresado su escepticismo, advirtiendo que «sigue funcionando una estructura de impunidad» en Tucumán. El santuario erigido en el lugar donde se encontró el cuerpo de Paulina, a la vera de la ruta, simboliza la persistencia de la memoria colectiva y la demanda de justicia.
A medida que avancen las audiencias, se espera que testigos clave aporten nuevas evidencias sobre las llamadas telefónicas, los movimientos de los acusados y posibles conexiones con el poder político de la época. Para muchos en Tucumán, este proceso no es solo un juicio penal, sino un ajuste de cuentas con un pasado de corrupción y silencio que ha marcado a toda una generación.
El caso que marcó a una generación
El caso remite a la madrugada del 26 de febrero de 2006, cuando Paulina desapareció tras una noche de salida con amigos. Según la hipótesis de la fiscalía, la joven se dirigió a la casa de Soto, ubicada en la calle Estados Unidos al 1200 en San Miguel de Tucumán, donde una discusión habría escalado hasta su muerte por asfixia.
Su cuerpo fue hallado once días después, el 11 de marzo, abandonado al costado de la ruta 341, en un claro intento de simular un accidente o un crimen aleatorio. Desde entonces, Alberto Lebbos, padre de la víctima, ha liderado una incansable lucha contra lo que denomina una «estructura de impunidad» que involucra a figuras políticas y judiciales de la época.
