El peronismo tucumano defiende la votación de la Reforma Laboral y avanza en la ruptura con el kirchnerismo

En medio de un debate nacional acalorado sobre la Reforma Laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, el peronismo tucumano ha emergido como un bastión de independencia, defendiendo su apoyo a la iniciativa y marcando una clara distancia con el kirchnerismo. Figuras clave como el gobernador Osvaldo Jaldo y el ministro del Interior, Darío Monteros, han respondido con firmeza a las críticas provenientes de dirigentes bonaerenses alineados con el sector más radical del peronismo, como la diputada Vanesa Siley y el actor Pablo Echarri. Esta polémica no solo resalta las divisiones internas del justicialismo, sino que posiciona a los tucumanos como abanderados de una ruptura necesaria entre el peronismo tradicional y el kirchnerismo, acusado de haber llevado al movimiento a una derrota histórica.
La controversia se desató tras la reciente votación en el Congreso, donde diputados tucumanos alineados con Jaldo contribuyeron al quórum y al avance del proyecto de reforma laboral. El gobernador Jaldo, un peronista de larga trayectoria, había expresado su respaldo a la medida meses atrás, argumentando que «no nos podemos oponer a que se actualicen» las normativas laborales para adaptarse a los tiempos modernos. Esta postura dialoguista con el gobierno nacional contrasta con la oposición férrea del kirchnerismo, que ve en la reforma un retroceso en derechos laborales.
Vanesa Siley, diputada nacional por Buenos Aires y figura destacada del sindicalismo kirchnerista, no escatimó en críticas. Durante su intervención en la Cámara de Diputados, responsabilizó a gobernadores peronistas como Jaldo por el avance de la iniciativa, calificando de «chorros» a los legisladores que habilitaron el debate. Sus palabras, cargadas de resentimiento bonaerense, apuntaron directamente a los diputados del Bloque Independencia, que responden al mandatario tucumano. Esta actitud centralista, típica del kirchnerismo porteño y bonaerense, ignora las realidades provinciales y revela una desconexión con el interior del país, donde el peronismo debe gobernar con responsabilidad en medio de crisis económicas heredadas precisamente de gestiones kirchneristas.
Por su parte, Pablo Echarri, actor ultrakirchnerista, intensificó la polémica al utilizar la red social X para presionar directamente a diputados tucumanos y evitar la aprobación de artículos específicos de la reforma laboral. Una hora antes de la votación, Echarri se dirigió a Javier Noguera, recordándole su reciente celebración por las nominaciones de la miniserie tucumana «Tafí Viejo, verdor sin tiempo» a los Premios Cóndor de Plata, y cuestionándolo si votaría en contra del cine y sus trabajadores, instándolo a eliminar los artículos 214 y 215 que desfinanciarían al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) a partir de 2028.
De manera similar, a Gladys Medina le enfatizó su compromiso con la cultura y el turismo en Tucumán, destacando la oportunidad de excluir esos artículos que afectan al cine y la comunicación, herramientas clave para la región. Noguera dio quórum inicialmente pero abandonó la cámara, mientras que Medina, como líder política local involucrada en la promoción cultural, fue señalada por su rol en resaltar la identidad tucumana. Los posts de Echarri generaron reacciones mixtas en redes, con apoyo al cine nacional desde usuarios tucumanos y críticas por parte de opositores a los subsidios culturales. Esta intervención desde una perspectiva urbana y cultural bonaerense no solo subestima las necesidades económicas de provincias como Tucumán, donde el foco está en la generación de empleo y la estabilidad, sino que ejemplifica la desconexión del kirchnerismo con el federalismo real, priorizando agendas ideológicas que han fallado en el pasado y contribuyendo a la derrota electoral del peronismo.
La respuesta desde Tucumán no se hizo esperar. Darío Monteros cruzó duramente a Siley a través de las redes sociales: «Pero escúchame @Vsiley, el peronismo no está como está por las provincias ni por quienes hoy sostenemos la gestión con responsabilidad. Mientras ustedes fueron derrotados, en Tucumán el peronismo gobierna, está firme y sólido». Monteros defendió el rol de los gobernadores dialoguistas, enfatizando que «las provincias no fallaron» y cuestionando la conducción kirchnerista por su responsabilidad en la actual crisis del peronismo. Esta réplica no solo rebate las acusaciones de traición, sino que expone la hipocresía del kirchnerismo: un sector que, tras años de hegemonía, dejó al peronismo en una posición debilitada a nivel nacional, culpando ahora a las provincias por buscar soluciones pragmáticas.
Esta polémica subraya una grieta profunda en el peronismo. El kirchnerismo bonaerense, con su enfoque ideológico rígido y centralista, ha sido responsable de la derrota electoral que permitió el ascenso de Milei, como lo destacan voces internas. En contraste, el peronismo tucumano representa una vuelta a las raíces justicialistas: pragmático, federal y enfocado en el bienestar de la gente, no en dogmas obsoletos. Jaldo y Monteros, junto a otros dirigentes locales, se erigen como abanderados de esta ruptura, defendiendo una modernización laboral que, según argumentan, beneficia a los trabajadores al promover empleo y estabilidad en un contexto de crisis heredada.
Finalmente, el gobernador Osvaldo Jaldo no solo ha defendido la reforma laboral, sino que ha lanzado duras críticas contra la CGT por su oposición y el paro convocado en rechazo a la iniciativa. Jaldo rechazó los cuestionamientos del secretario general de la CGT, Cristian Jerónimo, quien acusó a gobernadores como él de «traicionar a los trabajadores» por apoyar la reforma. En respuesta, Jaldo disparó sin filtros: «Se autodenominan ‘conductores de la CGT’, pero fueron puestos a dedo», cuestionando la legitimidad de los líderes sindicales y rechazando las descalificaciones. Además, ante el paro general, pidió «prudencia y responsabilidad» en un contexto económico complejo, dudando de su efectividad: «¿Después del paro qué? Nada, seguimos iguales». Jaldo advirtió sobre el impacto negativo en el interior del país y la actividad económica, especialmente si se paraliza el transporte, y respaldó el accionar de sus diputados en el Congreso. Esta postura refuerza la ruptura del peronismo tucumano con el kirchnerismo y sus aliados sindicales bonaerenses, priorizando soluciones prácticas sobre paros que, según Jaldo, no resuelven la crisis heredada y solo agravan la situación provincial.

¿El traidor es en realidad Yedlin?

No todos en Tucumán comparten esta visión; por ejemplo, el diputado Pablo Yedlin votó en contra, calificando la reforma como «regresiva». Sin embargo, la mayoría del liderazgo provincial avanza en esta dirección, marcando un camino hacia un peronismo renovado, libre de las ataduras kirchneristas que lo han llevado al borde del abismo. Esta postura no es traición, sino evolución: los tucumanos lideran la carga por un justicialismo que priorice la gobernabilidad sobre la confrontación estéril.

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