El título de la nota es “El consumo de carnes en Argentina creció casi 6% y cerró 2025 en los niveles más altos de la historia: Pero como no se produjo más, la demanda adicional se cubrió con más importaciones y menos exportaciones” y fue publicada el 28 de enero de 2026 por Matías Longoni en Bichos de Campo.
La nota inicia señalando que hace unos meses, para maquillar un dato alarmante que mostraba que el consumo de carne vacuna había caído fuerte en su primer año de gestión, el gobierno de Javier Milei publicó un informe en el que ya no hacía las cuentas en cantidad de kilos de bifes sino de proteínas animales, sumando la oferta de pollo y cerdo a la dieta habitual de los argentinos.
A partir de ese cambio de cálculo, con las tres “proteínas” juntas la cuenta daba que cada argentino consumió en 2024 unos 110 kilos anuales, solamente 4 kilos menos que en 2023.
La nota dice, en base a datos oficiales: “sumando la ingesta per cápita de carne vacuna, carne aviar y carne porcina se puede establecer que el consumo de proteína animal creció en el segundo año de Milei nada menos que 6%, saltando de los mencionados 110 kilos de 2024 a nada menos que 116,5 kilos anuales per cápita a fines del año pasado”.
Se afirma que “nunca antes se logró —en la sumatoria de vacuno, pollo y cerdo— un consumo interno tan elevado”, señalando que es la primera vez que se llega a 116,5 kilos anuales por habitante.
La nota detalla los componentes del consumo per cápita, indicando que “Siempre según la estadística oficial, los argentinos en promedio comimos el año pasado 49,9 kilos de carne vacuna (3,4% más que en 2024), más 47,7 kilos de carne aviar (un 2,9% más que el año anterior), más 18,9 kilos de carne porcina (con un fuerte 8,8% de crecimiento). En total las tres proteínas sumaron 116,5 kilos anuales por habitante”.
La nota precisa que “son 6,5 kilos más respecto de los 110 kilos que se habían comido el anteaño”.
En términos de volumen total, se indica que el consumo interno tan elevado logrado implicó que el mercado local absorbiera cerca de 5,25 millones de toneladas de estas tres carnes y lo desglosa así: unas 2,29 millones de toneladas de carne vacuna; 2,17 millones de toneladas de carne avícola y 800 mil toneladas de carne porcina.
La nota agrega que “los 6,5 kilos per cápita adicionales consumidos este año incrementaron la demanda interna sobre la producción de estos tres tipos de carnes en cerca de 290 mil toneladas respecto de 2024”.
Sin embargo, continúa, “como la producción se mostró bastante estancada en los tres casos, fue necesario achicar las exportaciones y recurrir a elevadísimas importaciones para poder cubrir esos tonelajes”.
Sobre las importaciones, la nota detalla que las importaciones de carne porcina (sobre todo bondiolas desde Brasil) fueron las más relevantes, sumando el año pasado 53.500 toneladas por 171 millones de dólares, con un salto en volumen de 135% respecto del año precedente.
También refiere que las importaciones de carne aviar se elevaron de forma significativa desde 2024, con 24.660 toneladas por valor de 62,4 millones de dólares, un incremento de 348%.
En cuanto a la carne vacuna, la nota menciona que aunque son importaciones marginales, el ingreso desde el extranjero creció un 580%, con unas 17.000 toneladas provenientes de países vecinos por casi 74 millones de dólares.
La nota concluye resumiendo que “en los tres rubros, en definitiva, se importaron más de 95 mil toneladas, que cubrieron una tercera parte de la mayor demanda local, sin que esto tuviera impacto en una baja de los precios. El resto de la carne necesaria para saciar el creciente consumo de los argentinos provino de recortar las exportaciones, en especial unas 85 mil toneladas de carne vacuna (los embarques bajaron de 935 mil a 850 mil toneladas) y achicar cerca del 10,4% los envíos de carne de pollo (que redondearon 169 mil toneladas)”.
