Desde 2014 los nacimientos bajaron cerca de 40% en el país y en la Ciudad de Buenos Aires la tasa cayó de 1,8 hijos por pareja en 2015 a 1,1 en 2025. Proyecciones anticipan que en 2040 habrá más población pasiva que activa.
La Argentina atraviesa un proceso de cambio demográfico marcado por dos tendencias simultáneas: un envejecimiento progresivo de la población y una caída pronunciada de la natalidad. El envejecimiento se vincula con factores como la evolución de la medicina y mejoras en hábitos de alimentación y cuidado físico. En paralelo, la tasa de nacimientos se redujo de manera sostenida en los últimos años.
De acuerdo con los datos relevados, desde 2014 la cantidad de nacimientos bajó alrededor de 40% a nivel nacional. En la Ciudad de Buenos Aires, la caída fue cercana al 50%: los nacimientos pasaron de 1,8 hijos por pareja en 2015 a 1,1 en 2025. Para mantener estable el tamaño de una población, la tasa de recambio natural se ubica en 2,1 hijos por grupo familiar.
Entre los factores mencionados como determinantes del descenso de la natalidad aparecen la mayor difusión y disponibilidad de métodos anticonceptivos, junto con una reducción de embarazos adolescentes en dos tercios. También se incluye la postergación de proyectos familiares, asociada a la revalorización del rol social de la mujer, y el estancamiento económico crónico del país.
Agustín Salvia, del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, afirmó que “el freno en la tasa de natalidad fue mucho más brusca que en otros países, porque también habrían intervenido factores económicos además de los socioculturales”. En el mismo sentido, sostuvo que “a diferencia de las tendencias ya conocidas en las clases medias, esta vez la baja de la natalidad tiene como gran protagonista a los jóvenes de sectores populares”. Según el planteo, la dinámica se observa en el conurbano bonaerense y también en provincias del NEA y del NOA.
En la Ciudad de Buenos Aires, un informe oficial sobre Barrios Populares Informales señaló que la composición demográfica de las villas “se empieza a parecer cada vez más al promedio de la ciudad, con una baja fuerte en la tasa de la natalidad y una población cada vez más vieja”.
La combinación de envejecimiento y descenso de nacimientos modifica la estructura etaria del país y transforma la pirámide poblacional hacia una forma más rectangular, con una base más angosta y una mayor proporción de adultos mayores. Las proyecciones demográficas citadas indican que para 2040 habrá más población pasiva que activa.
El cambio demográfico ya se refleja en el sistema educativo. Según un relevamiento oficial, en 2025 el 30% de las escuelas del país presenta espacios y docentes sin alumnos. En la Ciudad de Buenos Aires, las inscripciones a primer grado bajaron de 41.117 en 2020 a 30.686 en 2025, lo que implica una caída de 25%. Se proyecta que para 2028 esa disminución afectará a toda la primaria.
Ante este escenario, se inició un relevamiento de aulas, superficie y cantidad de alumnos con el objetivo de diagnosticar la situación. Ese proceso podría derivar en una reducción de edificios escolares y en una redistribución de espacios y estudiantes, con la posibilidad de generar tensiones con gremios docentes. También se evalúan alternativas como ampliar las horas de clase o mejorar la proporción de docentes por alumno. La merma de matrícula afecta tanto a escuelas públicas como privadas, y en este último caso se plantea el riesgo de inviabilidad económica para algunas instituciones.
Rafael Rofman, especialista en demografía de Cippec, describió el proceso como un cambio estructural y afirmó: “Estamos frente a un cambio en la estructura poblacional muy importante, con familias más chicas; con menos nietos pero más abuelos; con una prolongación de la expectativa de vida que genera más requerimientos de salud por más tiempo, y una compresión de la cantidad de muertes en pocos años porque la gente vive más”. En la misma línea, señaló que la Argentina “no va a crecer mucho más en cantidad de habitantes, llegará a los 50 millones y después va a retroceder”, aunque con una población cada vez más envejecida.
En el sistema sanitario y de previsión social, el envejecimiento poblacional incrementa la demanda de servicios y tratamientos crónicos. En el caso del PAMI, se informó que antes de las moratorias de 2009 y 2010 el organismo contaba con 3,1 millones de afiliados y llegó a 5,4 millones en 2025, lo que representa un crecimiento de 74% en 15 años. Dentro de ese universo, 2,3 millones de afiliados están bajo tratamiento por cáncer, diabetes u otras enfermedades crónicas, es decir, casi la mitad de los beneficiarios.
En cuanto a la utilización del sistema, hace una década la tasa de uso anual de prestaciones del PAMI era del 40% y en 2026 alcanza el 90%. Entre los afiliados, se registra 1,1 millón de personas mayores de 80 años y 5.323 mayores de 100 años. También se menciona que, por primera vez, el PAMI tiene como afiliados a padres e hijos al mismo tiempo, con ambas generaciones como beneficiarias.
El presupuesto del PAMI fue estimado en $10 billones, pero en el último año requirió un auxilio extraordinario del Tesoro equivalente al 8% de sus partidas asignadas.
En el sistema previsional, el gasto en jubilaciones aumentó 10% en 2025 respecto de 2024 y se proyecta otro 10% para 2026. En 2023 los gastos previsionales representaban el 34% del gasto primario del Estado, y para 2026 se proyecta que alcancen el 46%. Sobre la composición del sistema, se indicó que del total de personas que llegan a edad de retiro, el 25% se jubila mediante el régimen ordinario con 30 años de aportes, el 35% lo hace a través de moratoria y el 40% queda comprendido en alguno de los 205 regímenes especiales.
En relación con la distribución territorial, se señala que la Argentina tiene nueve de cada diez habitantes en zonas urbanas, uno de los índices más altos del mundo. Esa concentración se vincula con un modelo económico del siglo XX que atrajo población a las ciudades, en especial al Área Metropolitana de Buenos Aires, por el desarrollo industrial.
En paralelo, se describe un cambio en la matriz productiva y en la generación de divisas. Un informe de la consultora Moiguer indicó que en 2025 el 73% de la generación de divisas provino del agroindustrial en el corredor central del país, mientras que el 27% correspondió a energía y minería. Para 2030 se proyecta que energía y minería superen al agro, con un 53% frente a un 47%.
Se plantea que este cambio productivo no necesariamente generará flujos migratorios internos comparables a los de décadas anteriores, debido a que sectores como minería y energía demandan menos mano de obra que la industria y la construcción. En ese marco, se sostiene que la población continuaría concentrada mayoritariamente en grandes conurbanos, con especial peso del conurbano bonaerense, aun en un escenario de transformaciones económicas y productivas en distintas regiones del país.
