Chahla insaciable: desde hoy la Municipalidad sacará tajada en la venta de Achilata

En una época en la que el mayor problema de la población son los ínfimos ingresos comparados con el costo de vida, la intendenta Rossana Chahla promulgó una delirante ordenanza para regular y gravar la tradicional venta de Achilata en San Miguel de Tucumán. Es decir, para reducir los ingresos de los trabajadores.

La flamante ordenanza ya rige oficialmente tras su publicación en el Boletín Oficial municipal y entró en vigor sin más modificaciones ni explicaciones que las que convienen al oficialismo.

En la intendencia la venden como una medida revolucionaria para “jerarquizar” el famoso producto tucumano, casi como si hubieran descubierto la rueda o el dólar turista. Pero no nos dejemos engañar por los discursos melosos: debajo del traje “turístico” late un ardid para controlar, regular y sacar tajada de la economía popular.

La ordenanza no solo declara de interés turístico municipal la venta de achilata, sino que además establece que solo podrán vender quienes sean designados por el Sindicato de Vendedores Ambulantes (SIVARA), que deberán estar formalizados como monotributistas y ubicados en puntos fijados por la Municipalidad.

Es decir: para los achilateros de de toda la vida que llegaron caminando con su carrito, ahora dependerá para trabajar de que un gremio —al cual obligatoriamente deben afiliarse— dé el visto bueno. Una carrera burocrática con peajes sindicales, cuotas y uniformes incluidos, cortesía de la nueva norma. Los uniformes deben ser adquiridos por los trabajadores.

Pero no hay que confundir: esto no es una promoción cultural. Como bien lo señaló un duro artículo editorial publicado en El Federalista, la verdadera vocación de estas ordenanzas no es hacer más sabrosa la achilata, sino encontrar nuevos modos de recaudar para sostener un Concejo costoso y voraz que parece tener insaciable hambre de recursos ajenos. (El Federalista)

Mientras Chahla y su séquito celebran la achilata como parte de una suerte de Disneyland tucumano, quien pagará el pato —o más bien el monotributo, la cuota gremial y la regulación rígida— serán los que venden para sobrevivir. (El Federalista)

Para la intendenta, esto puede ser otro ítem para exhibir en su vitrina de “logros”, pero para los trabajadores informales de la ciudad es otra traba disfrazada de oportunidad.

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