Al cumplirse este lunes cien años del nacimiento de César Pelli en San Miguel de Tucumán, el mundo recuerda al arquitecto argentino que diseñó algunas de las estructuras más altas y reconocibles del planeta, mientras su provincia natal mantiene inconcluso el gran edificio público que él anheló realizar y que las sucesivas administraciones provinciales encargaron, pagaron y finalmente dejaron en los planos.
Nacido el 12 de octubre de 1926, Pelli se formó en la educación pública local y egresó de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Tucumán hacia 1949. En 1952 partió hacia los Estados Unidos junto a su esposa, la paisajista Diana Balmori, obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1964 y consolidó una carrera que lo llevó a trabajar con Eero Saarinen, a fundar su propio estudio en New Haven y a ejercer como decano de la Escuela de Arquitectura de Yale entre 1977 y 1984. Su obra más célebre, las Torres Petronas de Kuala Lumpur, ostentó el título de edificios más altos del mundo entre 1998 y 2004, y se sumó a hitos como el World Financial Center en Nueva York, la Salesforce Tower en San Francisco, la Torre de Cristal en Madrid y la Gran Torre Santiago en Chile.

En Argentina dejó varias obras de envergadura en Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata y Córdoba, además del master plan de la sede Yerba Buena de la UNSTA, pero nunca concretó la gran obra pública en su tierra que reiteradamente expresó desear. “Mi sueño es hacer un gran edificio público en Argentina”, afirmó en 2004, y años después agregó que le gustaría realizar una obra en Tucumán pero que “no depende de mí”. Ese anhelo se materializó en el proyecto del Centro Cívico para Los Pocitos, en Tafí Viejo, un complejo de unos 66.000 metros cuadrados en un predio de aproximadamente 17 hectáreas que concentraría oficinas del Poder Ejecutivo, anfiteatros y espacios integrados al paisaje de las yungas, con el propósito de descongestionar el microcentro capitalino.
El primer encargo se produjo hacia 2001 bajo la gestión de Julio Miranda y quedó trunco por la crisis de ese año. En 2017, durante el gobierno de Juan Manzur, se firmó un nuevo contrato con el estudio Pelli Clarke Pelli por el anteproyecto y el asesoramiento, por un total de 2,4 millones de dólares. Pelli trabajó en él con entusiasmo, lo revisó hasta semanas antes de su muerte el 19 de julio de 2019 en New Haven, y lo consideró su única obra pendiente en la provincia. Se realizaron expropiaciones, se pagaron cuotas del diseño y se avanzó en estudios complementarios, pero la obra nunca se licitó ni se inició. Distintas estimaciones elevan la inversión pública ya realizada —entre honorarios, terreno y complementos— a varios millones de dólares, mientras el predio permanece sin uso y los planos, según diversas crónicas, siguen en algún cajón.
La frustración de ese proyecto ilustra la distancia entre el prestigio internacional de un tucumano formado en la universidad pública y la capacidad de las administraciones provinciales para concretar un edificio público de su firma. Pelli recibió la Medalla de Oro del American Institute of Architects en 1995, el Premio Konex de Brillante en 2012 y numerosas distinciones más, y falleció sin ver levantada la obra que había soñado para Tucumán. El centenario de su nacimiento encuentra a la provincia con el legado de uno de los arquitectos más influyentes de su generación y con la deuda pendiente de un edificio que las autoridades encargaron y no ejecutaron.

