La ciudad de Erie, en el norte del estado de Pensilvania, atraviesa una de las jornadas más sombrías de su historia reciente después de que un hombre abriera fuego el viernes por la tarde fuera y dentro de una residencia en la cuadra 700 de la calle Perry, cerca de la intersección con East 7th Street, y provocara la muerte de ocho personas, entre ellas dos niños, antes de quitarse la vida con un disparo autoinfligido. Las autoridades locales precisaron este sábado que el saldo total alcanza las nueve víctimas fatales y que todas las muertes se produjeron antes de que los efectivos policiales arribaran al lugar, alertados por el sistema de detección de disparos ShotSpotter alrededor de las 16:52 hora local.
Testigos informaron haber visto a un hombre disparar contra dos mujeres en la vía pública, quienes fueron halladas con heridas mortales de bala en la cabeza y el rostro al exterior de la vivienda ubicada en el 722 de Perry Street. El agresor, cuya identidad aún no fue revelada y que coincidía con la descripción de la persona observada por un vecino, ingresó luego al inmueble, donde se encontraron los cuerpos de otras víctimas, incluidos los dos menores, junto con el del propio atacante, quien presentaba una herida de arma de fuego aparentemente autoinfligida y portaba un arma. El jefe de la Policía de Erie, Rick Lorah, describió la escena como la más horrible y desgarradora de sus más de veintiocho años de carrera y aseguró que no creía que la ciudad hubiera presenciado jamás una pérdida de vidas y una devastación de semejante magnitud.
En un comunicado oficial difundido este sábado, la Municipalidad de Erie aclaró que los agentes respondieron con prontitud, arribaron en minutos y que no se registraron disparos adicionales después de su llegada, de modo que los sonidos percibidos durante el operativo táctico del equipo SWAT correspondieron a granadas aturdidoras utilizadas mientras se gestionaba una orden de allanamiento ante la información limitada de que disponían. El gobernador del estado, Josh Shapiro, ofreció el pleno apoyo de su administración a la alcaldesa Daria Devlin y calificó el episodio de «trágico tiroteo masivo» que costó la vida a nueve conciudadanos de Pensilvania, mientras que la ciudad reiteró que no existe amenaza alguna para la población porque el atacante falleció en el lugar. Las identidades de las víctimas y el móvil del hecho permanecen sin revelar, y se programó una conferencia de prensa para las 16 horas locales de este sábado a fin de brindar mayores precisiones sobre las circunstancias.
El episodio se inscribe en el contexto de la violencia armada que periódicamente sacude a distintas ciudades de Estados Unidos, aunque en este caso las autoridades locales enfatizaron que se trata de un hecho aislado sin riesgo residual para la comunidad de Erie, situada a unos 190 kilómetros al norte de Pittsburgh. La investigación continúa a cargo de la División de Investigaciones Criminales de la Policía de Erie y de la fiscalía del condado, sin que hasta el momento se haya establecido relación alguna entre el atacante y las víctimas ni se hayan divulgado datos que permitan adelantar hipótesis sobre las causas del ataque.

