El miércoles 7 de octubre Miguel Martín, conocido en todo el país como el Oficial Gordillo, volvió a la Escuela Normal de Monteros para celebrar los treinta años de egreso de la promoción 1996 y participar de los actos por los ciento diecinueve años de la institución, fundada el 7 de octubre de 1907. El regreso no fue un simple acto protocolar: fue el reencuentro con compañeros que había conocido a los trece años, cuando llegó de Famaillá para cursar la secundaria en un edificio que, según sus propias palabras, conserva el sentido de pertenencia que define a los monterizos.
Martín recordó en la charla que en Monteros se defiende a muerte a la Normal, a la Comercio, al Club Social y a Ñuñorco, y que ese sentimiento quedó grabado desde la adolescencia. La amistad, subrayó, es lo fundamental: hay compañeros que se conocieron a los cuatro o cinco años y siguen siendo amigos cuando ya rozan los cincuenta. Tres décadas después del egreso regresó al mismo lugar convertido en uno de los humoristas tucumanos de mayor alcance, pero esta vez sin escenario y sin el personaje que lo hizo conocido, simplemente como Miguel Martín.
La Escuela Normal es también el origen de su oficio. En una clase de Lengua del profesor Alfredo Moreira, el adolescente tímido que usaba corbata fue obligado a recitar una poesía; al imitar al docente para defenderse provocó las risas del curso y, a partir de allí, Moreira lo incorporó a actividades teatrales. Una de ellas fue la obra «El Plumerito», ambientada en un museo de la música, en la que Martín interpretaba al personaje que limpiaba las estatuas y las hacía cobrar vida al pasarles el plumero; la propuesta tuvo éxito dentro de la escuela y luego salió de gira por otras instituciones. Años después trabajaría como analista de sistemas en Buenos Aires, dejaría ese oficio y construiría el personaje del Oficial Gordillo a partir de una anécdota real con un efectivo que le renovó la cédula y le cambió el apellido.
Fuente: Monterizos.

