Los dos nombres que concentran la elección presidencial de Brasil ya pasaron por la urna electrónica este domingo, en la primera vuelta. Luiz Inácio Lula da Silva votó cerca de las 9 en São Bernardo do Campo, el municipio del ABC paulista donde se formó como dirigente metalúrgico. Flávio Bolsonaro lo había hecho antes, en Vila Isabel, zona norte de Río de Janeiro, apenas abrieron las puertas. El padre, Jair, no puede sufragar: tiene los derechos políticos suspendidos por una condena firme.
Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato con Geraldo Alckmin otra vez de compañero de fórmula. Llegó a la Escuela Estadual João Firmino Correia de Araújo, en el barrio Assunção, acompañado del vicepresidente, del exministro de Hacienda Fernando Haddad —candidato a gobernador de São Paulo— y de Marina Silva y Simone Tebet, candidatas al Senado. Después de votar dijo que el pueblo iba a elegir «entre la democracia y la barbarie, entre el desarrollo y el atraso», que el resultado «será acatado por todos los brasileños» y que el pueblo es soberano. También apeló a que voten los mayores de 70 años, para quienes el sufragio no es obligatorio. En otro tramo, sin nombrar al rival, afirmó que Brasil «no va a ir adelante con un miliciano» ni con «la orgía» armada en torno del caso del Banco Master.
Flávio, senador por Río y candidato del Partido Liberal, votó en la sección 170 de la Escuela Municipal Barão Homem de Mello. Tenía 45 años y llegó a las 8, con la apertura. La cobertura en vivo de DW lo registró como el primero de los presidenciables y lo describió afónico, después del cierre de campaña. Pidió un voto de protesta contra lo que llamó la «era de atraso» del gobierno de Lula y repitió que espera definir la elección en esta vuelta, por un «movimiento muy claro» en las encuestas. El sábado, Reuters ya había recogido la misma apuesta en los dos cuarteles: los dos dicen que pueden pasar el 50% hoy. Los números publicados hasta anoche no los acompañan.
Jair Bolsonaro quedó fuera de la boleta y también del padrón. En junio de 2023 el Tribunal Superior Electoral lo declaró inelegible por ocho años. Esa inhabilitación le impide ser candidato, no votar. Lo que le saca el voto es la condena penal firme: el 11 de septiembre de 2025 el Supremo Tribunal Federal lo sentenció a 27 años y tres meses de prisión por la trama golpista posterior a la derrota de 2022; el tránsito en juzgado quedó firme en noviembre de ese año. Desde entonces cumple detención domiciliaria. En julio, el ministro Alexandre de Moraes le prohibió visitas con fin político-electoral y la difusión de manifiestos sobre este comicio, incluso por interpósita persona. La Ley de Ficha Limpa agrega otros ocho años de inelegibilidad una vez cumplida la pena.
El padrón, según el Tribunal Superior Electoral, reúne 158,7 millones de electores aptos, 2,3 millones más que en 2022. Hay 517.206 secciones y más de 560.000 urnas electrónicas. El voto es obligatorio entre los 18 y los 70 años. Las mesas abrieron a las 8, hora de Brasilia, y cierran a las 17, con el horario unificado en todo el país. En el exterior hay 918.876 habilitados. Además de presidente se eligen 27 gobernadores, la Cámara de Diputados —513 bancas—, dos tercios del Senado y las asambleas estaduales. Para ganar en primera vuelta hace falta más de la mitad de los votos válidos, es decir, sin blancos ni nulos. Si nadie lo alcanza, la segunda vuelta es el 25 de octubre.
Las últimas encuestas, todas del sábado, dejan el domingo abierto y el balotaje como escenario más probable. Datafolha midió, en votos válidos, 45% para Lula y 42% para Flávio, dentro de un margen de dos puntos. AtlasIntel/Bloomberg los puso en 47% y 44,1%, y en un virtual empate de segunda vuelta: 50,1% contra 49,9% de los válidos. La CNT/MDA dio 47,8% contra 42,1% en válidos de primera vuelta y 47,3% contra 43,1% en una definición, también empate técnico con un margen de 2,2 puntos. Detrás quedan Ronaldo Caiado, Renan Santos, Augusto Cury y Romeu Zema. Juntos no llegan al 10% en la mayoría de los sondeos, pero alcanzan para impedir que alguno de los dos cruce el umbral hoy. La boleta presidencial tiene trece nombres.
El resultado no se dirime en Tucumán, pero sí entra en la cuenta de los ingenios. Brasil es el que fija el azúcar crudo de Nueva York. En agosto el gobierno de Lula subió de forma temporaria el corte de etanol anhidro en la nafta común del 30% al 32%. Si más caña del Centro-Sur va a alcohol, hay menos azúcar para exportar y el precio internacional tiende a afirmarse; si el corte baja, la oferta mundial se agranda. Flávio usó esa mezcla en campaña y legisladores de su partido presentaron proyectos para dejarla sin efecto. Es el canal que este medio ya abrió el sábado: la sucesión en Brasilia es, también, un precio para el azúcar que no entra en el cupo de Estados Unidos.
A esta hora no hay resultados. La urna electrónica brasileña suele dar un primer corte grueso poco después de las 17.

