Un robo de $134 millones a una distribuidora de alimentos terminó con dos barrabravas de San Martín condenados, pero la investigación todavía no llegó a su fin. La Justicia estableció la participación de los dos acusados y ahora intenta determinar quiénes fueron los otros integrantes de la banda.
El asalto ocurrió en diciembre del año pasado y demandó una planificación previa. De acuerdo con la acusación presentada por la auxiliar Julieta Diosque, bajo las directivas del fiscal Carlos Saltor, los delincuentes utilizaron una vivienda lindera para acceder al predio de la empresa.
La secuencia comenzó con la llegada de un Fiat Argo rojo a Asunción al 700. Al volante estaba Martín “El Gordo” Díaz, quien llegó junto con otro hombre cuya identidad todavía no pudo establecerse.
Ese segundo integrante bajó del vehículo y cruzó hacia una propiedad ubicada frente al lugar. Allí apoyó una escalera contra una tapia y consiguió ingresar por la parte posterior del inmueble.
Desde ese punto accedió al predio de la distribuidora, ubicada sobre Marcos Paz al 1.700. El ingreso al depósito se produjo por un boquete en el techo. Una vez dentro, el delincuente llegó hasta la oficina de Tesorería y tomó el dinero.
La pesquisa permitió reconstruir una estructura más amplia detrás del robo. Los investigadores estimaron que al menos cinco personas participaron de la maniobra.
Entre ellas aparece un supuesto entregador. Su identidad todavía no fue determinada y los investigadores sospechan que podría continuar trabajando en la empresa, debido al nivel de información que manejaron los delincuentes para concretar el golpe.
La organización también habría contado con dos hombres oriundos de Córdoba, que viajaron hasta Tucumán con el objetivo de participar del robo. Otro cordobés habría colaborado con la banda durante la ejecución.
La Justicia ya avanzó contra dos de los integrantes señalados por la investigación. Sin embargo, la causa permanece abierta para determinar quiénes fueron el entregador y los otros sospechosos que todavía no pudieron ser identificados.
El caso expuso el nivel de planificación que tuvo el robo: hubo información previa sobre el movimiento del dinero, vehículos de apoyo, una vía de ingreso alternativa y una distribución de tareas entre los integrantes. Ahora los investigadores buscan completar ese mapa para establecer quiénes estuvieron detrás de los $134 millones sustraídos.

