El mapa de la industria azucarera tucumana vuelve a reordenarse. El ingenio La Corona, emplazado en Concepción y controlado desde hace cuatro décadas por la familia Arano, está “prácticamente vendido” a una firma vinculada a Santiago Blaquier, el heredero de Ledesma que a fines de 2025 se desvinculó del directorio del grupo jujeño para construir, a título personal, un polo sucroalcoholero propio en la provincia. La confirmación no surgió de un comunicado empresario, sino del delegado de los trabajadores, Carlos Galván, de la Federación de Empleados de la Industria Azucarera (FEIA), quien relató que el propietario, el licenciado Martín Arano, reunió al personal para anunciar el avance de la operación.
“Nos reunió el licenciado Martín Arano, que es el dueño, el propietario del Ingenio Corona, para anunciarnos que realmente el ingenio está prácticamente vendido a la firma Blaquier”.
Carlos Galván, delegado de FEIA en La Corona
Aclaró, no obstante, que la transacción todavía no está formalmente concluida: “No están hechos todavía los papeles, queda el protocolo de los abogados, ponerse de acuerdo y hacer la transacción como corresponde”, dijo en diálogo con Los Primeros.
Qué se vende y qué queda afuera
Según lo transmitido por las autoridades de la planta a los empleados, el acuerdo contempla la fábrica, la destilería y la maquinaria de campo. Los campos, en cambio, no formarían parte de la venta: permanecerían bajo la órbita de Arano y, una vez cerrado el traspaso, serían arrendados al ingenio. El esquema replica, en lo esencial, la lógica que Blaquier aplicó en diciembre pasado al comprar el Concepción: se queda con el activo industrial y no incorpora, al menos en esta etapa, la tierra.
La transición tampoco será inmediata. Habrá una administración compartida durante lo que reste de la zafra 2026. “Ellos van a hacer una administración compartida hasta que termine la zafra. Una vez que termine la zafra, el licenciado Arano se retirará del ingenio y quedará en ellos”, explicó Galván. El cambio de control, de concretarse los papeles, quedaría así definido de manera progresiva, con el cierre de la campaña como hito de corte.
La crisis del gas y el contexto de la operación
El anuncio llega en un momento de máxima tensión operativa para La Corona. El sábado 23 de agosto, Naturgy NOA cortó el suministro de gas a Bioenergía La Corona —la sociedad que opera junto a Sucroalcoholera del Sur SA— por una deuda que la distribuidora describió como millonaria y por incumplimientos reiterados de las restricciones invernales de consumo. Durante mayo, junio y julio, Naturgy había intimado a la empresa a adecuar los volúmenes a lo autorizado por el centro de despacho. Según el comunicado de la distribuidora, Bioenergía no lo hizo, generó desbalances y, los días 10 y 11 de julio, el personal del ingenio obstaculizó dos intentos de corte físico. Un amparo promovido por la azucarera fue rechazado por el juez de feria. El aviso de deuda del 29 de julio, con plazo hasta el 8 de agosto, y los incumplimientos del período 6/26 habilitaron, de acuerdo con el reglamento del servicio, la suspensión.
La planta no paró: siguió moliendo con bagazo. Los trabajadores retuvieron un vehículo de la contratista vinculada a Naturgy. Hubo intervención policial preventiva y mediación del director provincial de Comercio Interior, Manuel Canto, quien anunció un principio de acuerdo para firmar el lunes 24 y rehabilitar el fluido, previo protocolo técnico de verificación de fugas. Galván vinculó ese deterioro financiero con el clima interno: “El ingenio estaba funcionando, pero han empezado los temas de los pagos, atrasarse el tema del pago del gas”.
En ese marco, el delegado sostuvo que la llegada del grupo comprador “les ha caído muy bien” a quienes “venían sufriendo”. “Viene una firma seria, que ya se la conoce en toda la Argentina”, afirmó. Y, consultado sobre los puestos de trabajo, fue categórico: “Van a tener continuidad todo”.
Un ingenio de 144 años en el sur provincial
La Corona no es un establecimiento menor. Fue fundado en 1882 en la entonces Villa de Concepción por el escocés David Methven y está a unos 70 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Fue uno de los primeros ingenios de la provincia en sumarse al programa AlcoNafta, en los años ochenta, y el primero de Tucumán en entregar bioetanol. Opera con una capacidad de molienda del orden de las 7.500 toneladas diarias y una plantilla que, según distintos relevamientos, oscila entre 200 y 500 trabajadores, con un núcleo histórico cercano a las 475 familias.
La familia Arano conduce la compañía desde hace unos 40 años. El ingeniero Roberto Arano preside el grupo; Martín y Florencia Arano integran la generación que participó del acto de bendición de frutos de la zafra 2026, el 6 de mayo, con presencia del gobernador Osvaldo Jaldo. En esa ocasión, Roberto Arano recordó que en 2025 la fábrica había batido su récord de molienda. Los números del Instituto de Promoción del Azúcar y Alcohol de Tucumán (Ipaat) precisan el cierre de aquella campaña: 933.059 toneladas de caña bruta en 156 días —111.194 toneladas más que en 2024—, un rendimiento fabril del 8,20% (frente al 7,89% previo) y 38.866 toneladas de azúcar físico. La empresa certifica sistemas de calidad y seguridad alimentaria, produce azúcar blanco común tipo A, alcohol etílico, bioetanol y, en los últimos años, ladrillos ecológicos.
De Ledesma a Ingenios de Tucumán
Santiago Blaquier es el cuarto de los cinco hijos de Carlos Pedro Blaquier —quien presidió Ledesma entre 1970 y 2013— y de Nelly Arrieta, heredera del grupo que forjó Herminio Arrieta sobre la base iniciada por Enrique Wollmann. En diciembre de 2025, para evitar un conflicto de intereses, presentó su renuncia al directorio de Ledesma, integrado por sus hermanos Carlos, Alejandro e Ignacio y por su sobrino Juan Ignacio Pereyra Iraola. El 4 de diciembre constituyó Ingenios de Tucumán SA, con Ingenios del Norte SA como socio y domicilio legal en Buenos Aires. El capital social se fijó en 30 millones de pesos. Designó gerente general a Martín Franzini, hasta entonces director del negocio de azúcar y alcohol de Ledesma.
El 30 de diciembre cerró la compra del ingenio Concepción, en Banda del Río Salí, al Complejo Alimenticio San Salvador SA que lidera Martín Luque, hijo de Emilio Luque. La operación rondó los 100 millones de dólares, según consignaron La Gaceta, El Cronista y LA NACION. Se limitó a la planta —no incluyó tierras ni el ingenio Marapa, el otro activo que los Luque habían adquirido a Atanor en 2017 por unos 200 millones de dólares— y garantiza la continuidad de un millar de puestos. Ese mismo día, Blaquier y Franzini visitaron en la Casa de Gobierno al gobernador Jaldo. El comprador se impuso a otros interesados, entre ellos la embotelladora chilena Andina. En comunicados posteriores insistió en que se trata de “un proyecto personal” sin vínculo societario, operativo ni financiero con Ledesma ni con Desdelsur, la procesadora de legumbres en la que Blaquier retiene el 50% junto a la familia Macera.
Concepción es el mayor de los catorce ingenios que operan en Tucumán. Fundado en 1835, pasó por la familia Paz, Atanor y los Luque. En la zafra 2026, ya bajo control de Ingenios de Tucumán, Franzini proyectó moler 3,2 millones de toneladas de caña, producir 325.000 toneladas de azúcar y alcohol anhidro, e invertir en molinos y en la ampliación de la deshidratadora. Blaquier llamó, al inaugurar esa campaña, a modernizar la actividad provincial. Véase también el perfil de Infobae sobre el desembarco.
La Trinidad, el eslabón pendiente
En febrero de 2026, el mismo grupo negoció la compra del ingenio La Trinidad, en Chicligasta, propiedad de Ricardo Sixto Ansonnaud. LA NACION informó una carta de intención y un valor cercano a los 40 millones de dólares; medios locales hablaron de 50 millones y, en algunos casos, dieron la operación por cerrada. Ingenios de Tucumán salió al cruce: “No existe a la fecha una operación cerrada ni una adquisición concretada”. El objetivo declarado era unir Concepción y La Trinidad bajo una sola administración y alcanzar unas 5,5 millones de toneladas de caña —Concepción aporta entre 3,3 y 3,4 millones; La Trinidad molió 1.821.062 toneladas en 2025 y produjo más de 35 millones de litros de alcohol hidratado—, por encima de Los Balcanes (4,4 millones) y del propio Ledesma (3,3 millones). En marzo, el Juzgado Federal N° 2 de Tucumán procesó a Ansonnaud y a otras cuatro personas por una presunta asociación ilícita de vaciamiento y evasión fiscal vinculada a esa planta, con embargos de 1.000 y 700 millones de pesos. Esa causa dejó en suspenso, al menos en lo público, el desenlace de aquella negociación.
Un corredor en el 60% de la molienda nacional
Tucumán explica más del 60% de la molienda argentina. En la campaña 2025 la provincia superó las 17 millones de toneladas de caña. En 2026 llegaron a moler simultáneamente doce ingenios. Si se formaliza La Corona —cerca de 930.000 toneladas en la última zafra completa— Blaquier sumaría al Concepción un segundo activo industrial en el sur, con destilería incluida, en una provincia donde la escala, el bioetanol y la exportación se volvieron la variable de supervivencia frente a precios internos volátiles y a un costo energético que, en el NOA, los industriales llegan a pagar entre 15 y 25 dólares el millón de BTU.
La operación, todavía sujeta al protocolo de los abogados, no altera por sí sola el ranking nacional. Pero consolida un patrón: un heredero de Ledesma que se abre de la empresa familiar, capitaliza experiencia de tres décadas en el rubro y va tomando plantas tucumanas sin comprar la tierra, en un sector histórico de dueños locales que, uno tras otro, salen de escena. Los trabajadores de Concepción, por ahora, piden una sola cosa y dicen haberla obtenido de palabra: que la zafra no se corte y que nadie quede en la calle.

