Solemne Tedeum por el 9 de Julio: ante Villarruel y Jaldo, la Iglesia reclamó «evitar los enfrentamientos» y priorizar el bien común

En una ceremonia de alto voltaje institucional y hondo significado civil, la Iglesia tucumana renovó su llamado a la cohesión social y al diálogo político en el marco de las celebraciones por el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia. El Solemne Tedeum, desarrollado en la Catedral Nuestra Señora de la Encarnación, estuvo presidido por el arzobispo local, monseñor Carlos Sánchez, y contó con la central presencia de la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, y del gobernador de la provincia, Osvaldo Jaldo.

La homilía del prelado tucumano articuló una rigurosa lectura histórica con las urgencias socioeconómicas del presente, interpelando de manera directa a la dirigencia civil. Al recordar la gesta de los congresales de 1816, Sánchez exhortó a deponer las confrontaciones estériles y a consolidar los valores de la verdad y la justicia. «Luchemos juntos, aunemos los esfuerzos, no nos enfrentemos entre hermanos. Maduremos en nuestros ámbitos la cultura del encuentro; propiciemos el diálogo, la paz y el bien de todos. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan», demandó el arzobispo en el tramo más político de su alocución.

El mensaje eclesiástico también fijó una clara postura doctrinaria respecto del rol del Estado en la asistencia a las franjas más vulnerables de la sociedad. Inspirado en el magisterio de la Iglesia, el ordinario tucumano instó a las autoridades a no claudicar en la búsqueda de consensos inclusivos: «Le suplicamos a Jesucristo, Señor de la Historia, que nos dé su gracia para que seamos una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común; para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando». Asimismo, incorporando las recientes reflexiones del papa León XIV sobre los desafíos de la inteligencia artificial, advirtió que el desarrollo tecnológico y las políticas públicas deben situar indefectiblemente a la dignidad de la persona humana en el centro de las decisiones.

La liturgia reflejó además un cerrado respaldo de los tres poderes del Estado provincial y del Congreso de la Nación. En los bancos de la nave central de la Catedral se ubicaron el presidente subrogante de la Legislatura, Sergio Mansilla; el vicepresidente primero, Aldo Salomón; las senadoras nacionales Sandra Mendoza y Beatriz Ávila; y las diputadas nacionales Gladys Medina y Elia Fernández de Mansilla. La representación del Poder Judicial estuvo encabezada por el ministro público fiscal, Edmundo Giménez, mientras que el municipalismo se hizo presente a través de la intendenta de Alderetes, Graciela Gutiérrez, y del presidente del Concejo Deliberante capitalino, Fernando Juri.

El gabinete de ministros de Tucumán asistió en pleno, integrado por Daniel Abad (Economía y Producción), Regino Amado (Gobierno y Justicia), Susana Montaldo (Educación), Luis Medina Ruiz (Salud Pública), Eugenio Agüero Gamboa (Seguridad), Marcelo Nazur (Obras, Infraestructura y Transporte Público) y Federico Masso (Desarrollo Social), junto al secretario general de la Gobernación, Federico Nazur, y la fiscal de Estado, Gilda Pedicone de Valls.

Uno de los momentos de mayor densidad institucional del oficio religioso se concretó con la lectura de una oración interreligiosa por la justicia y la paz. En una nítida señal de pluralismo democrático, la invocación ecuménica fue compartida por el propio arzobispo Sánchez y su obispo auxiliar, monseñor Roberto Ferrari; el arcipreste Juan Manuel Alurralde (Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía); el rabino Salomón Nussbaum (Kheilá de Tucumán); el profesor René Ahmed (Asociación Cultural y Culto Pan Islámica); y Fernando Galíndez (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días). El gesto procuró ratificar que la vivencia profunda de la fe constituye un factor de concordia y entendimiento cívico.

En el epílogo de su alocución, monseñor Sánchez apeló a la responsabilidad civil activa, instando a la ciudadanía a «no temer ensuciarse las manos en la construcción de una Patria más fraterna» desde sus respectivos roles cotidianos, y abogó por que la Casa Histórica de Tucumán persista en la memoria colectiva como el símbolo definitivo e inalterable de la unidad nacional.

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