El infierno de perder el DNI en Tucumán: tres meses de «identidad robada» y una deuda de 20 millones

Lo que comenzó como un descuido cotidiano el pasado 26 de enero en la esquina de Junín y el pasaje Francia (zona de El Bajo), se transformó en una pesadilla que le costará años resolver a una vecina de San Miguel de Tucumán. La pérdida de su billetera con el DNI y una tarjeta bancaria fue el botón de arranque para que Romina Vanesa Sanavria planificara y ejecutara una de las sagas de fraude más agresivas de las que se tenga registro reciente en la provincia.

La Unidad Fiscal de Usurpaciones, Estafas y Cibercriminalidad I, a cargo de Diego Alejo López Ávila, acaba de sumar los hechos 13 y 14 a una megacausa que ya acumula una estafa global que orilla los 20 millones de pesos. Sanavria, quien permanece tras las rejas con prisión preventiva prorrogada por 60 días, no se limitó a «pasar» una tarjeta clonada: literalmente se adueñó de la existencia civil de la víctima.

La anatomía de una suplantación total

Según la investigación judicial defendida en la última audiencia por el auxiliar de fiscal Rogelio Rodríguez del Busto, la imputada demostró una audacia criminal que escaló semana a semana, dividida en tres grandes modalidades:

1. El hackeo administrativo (DIGITUC)

Para poder sacar préstamos de grandes sumas, los comercios exigen solvencia. Sanavria logró vulnerar el acceso a la plataforma estatal DIGITUC de la víctima y descargó sus recibos de sueldo reales. Con esos papeles impresos y el DNI original, se presentó en financieras de calle Muñecas al 100 y Catamarca al 200, donde obtuvo créditos individuales de entre 2 y 3 millones de pesos que lógicamente nunca pagó, destruyendo el historial crediticio de la damnificada.

2. Compras VIP y tecnología

Con una tarjeta de crédito física que logró tramitar de forma virtual (pero asociando su propio teléfono para los mensajes de validación), la estafadora recorrió los principales comercios del microcentro. En pocos meses compró electrodomésticos, dispositivos tecnológicos de última generación y ropa por más de $9.000.000.

3. Ventanilla presencial: el colmo de la audacia

El punto más crítico de la estafa ocurrió el 8 de abril, cuando Sanavria caminó hasta la sucursal bancaria de avenida Alem y Las Piedras. Se sentó frente al cajero, mostró el DNI ajeno, falsificó la firma en el recibo de caja y retiró $2.084.300 en efectivo de la cuenta personal de la víctima.

El error de regresar al lugar del hecho

El millonario raid delictivo terminó el 8 de mayo por puro exceso de confianza. Sanavria regresó al mismo banco de Barrio Sur e hizo la misma fila para retirar otros $100.000. Sin embargo, un empleado de seguridad privada que recordaba sus facciones del mes anterior sospechó del movimiento.

Al pasar a la caja, el personal de la entidad trancó la operación, constató que las firmas no coincidían y que los datos biométricos daban alerta roja. La Policía llegó de inmediato y la detuvo in fraganti en el salón.

Hoy, mientras la acusada enfrenta cargos complejos que van desde «apropiación de cosa perdida» hasta «defraudación y falsificación de instrumento privado», la víctima enfrenta un laberinto legal y administrativo para limpiar su nombre, dar de baja deudas millonarias que jamás contrajo y salir del Veraz tras haber sido, literalmente, desvalijada en vida.

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