A exactamente un mes del violento temporal que azotó la provincia, los vecinos de La Madrid continúan atravesando un drama que no termina. El barro, la humedad y la desesperación siguen presentes en los barrios más afectados, donde muchas familias afirman que “perdieron todo” y que las autoridades se “lavaron las manos” tras las primeras asistencias.
“Estamos igual o peor que el primer día. Nadie viene más. Nos sentimos abandonados”, expresaron varios damnificados, quienes todavía conviven con el lodo dentro y fuera de sus viviendas, muebles arruinados y un fuerte olor a humedad que no se va.
En los barrios más golpeados, como el centro de La Madrid y las zonas periféricas, persisten las calles intransitables, los patios inundados y las casas con paredes y pisos empapados. Muchas familias perdieron electrodomésticos, ropa, camas y alimentos, y aún no han recibido una respuesta integral por parte del Estado.
“Perdimos todo. Los pocos muebles que teníamos quedaron destruidos. Los chicos duermen en el piso mojado y nadie nos ayuda”, relataron con resignación y bronca.
Los vecinos denuncian que, después de los primeros días de relevamiento y entrega de algunos colchones y alimentos, la asistencia se diluyó por completo. “Vinieron, sacaron fotos, prometieron cosas y después se lavaron las manos. No volvimos a ver a nadie”, afirmaron.
La situación genera un profundo malestar en la localidad. Muchos sostienen que las obras de infraestructura prometidas tras anteriores inundaciones nunca se concretaron, por lo que cada lluvia fuerte vuelve a dejarlos en la misma situación de vulnerabilidad.
Desde la Municipalidad de La Madrid y el Gobierno provincial reconocieron que la magnitud del temporal superó las previsiones y que los recursos son limitados, pero aseguraron que continúan trabajando en la asistencia y en el relevamiento de daños para canalizar futuras ayudas.
Sin embargo, para los vecinos de La Madrid el tiempo pasa y la sensación de abandono crece. A un mes de la tragedia, el dolor no solo no ha disminuido, sino que se ha transformado en una mezcla de tristeza, impotencia y enojo ante lo que perciben como indiferencia oficial.
La comunidad exige soluciones concretas y definitivas: desagües pluviales, limpieza profunda de las zonas afectadas y una asistencia sostenida que les permita recuperar, aunque sea mínimamente, la dignidad de sus hogares.
