En un reconocimiento que resuena como el epitafio de una era ideológica, el gigante mundial de las inversiones BlackRock admitió el fracaso de la agenda woke que impulsó durante años. Su CEO, Larry Fink, reconoció públicamente que el “péndulo” de las políticas ESG (Environmental, Social and Governance – Ambientales, Sociales y de Gobernanza) y DEI (Diversity, Equity and Inclusion – Diversidad, Equidad e Inclusión) —a menudo criticadas como vehículos de la ideología de género y el wokismo— fue “too far” (demasiado lejos) hace cinco años, y que la sociedad ha regresado a un pragmatismo que prioriza los resultados económicos por sobre las imposiciones ideológicas.
La confesión llegó durante una entrevista exclusiva concedida por Fink al periodista Bret Baier en el programa Special Report de Fox News, emitida el 11 de marzo de 2026. Cuando Baier le preguntó directamente si consideraba que la “era woke”, el ESG y el DEI habían sido “un experimento fallido”, Fink respondió con claridad:
“The pendulum swings all the time (…) Do you think the pendulum went too far five years ago? Yes. I am more pragmatic too” (El péndulo se mueve todo el tiempo (…) ¿Crees que el péndulo fue demasiado lejos hace cinco años? Sí. Yo también soy más pragmático).
El ejecutivo admitió que BlackRock había empujado a las empresas “un poco más lejos de lo que pensábamos”, aunque justificó sus acciones pasadas argumentando que su rol era actuar como fiduciario de sus clientes.
Los hechos, sin embargo, revelan un rol mucho más activo y decisivo. Durante años, BlackRock —gestor de más de 10 billones de dólares en activos— utilizó su inmenso poder para financiar y promover la agenda woke en el ámbito corporativo. A través de las famosas cartas anuales de Fink a los CEO (desde 2018), el fondo exigía que las empresas adoptaran el “stakeholder capitalism” (capitalismo de las partes interesadas), incorporando criterios de diversidad de género y raza, metas de emisiones y reporting climático como condiciones para la inversión. En su carta de 2020, titulada «A Fundamental Reshaping of Finance», Fink posicionó el riesgo climático y la diversidad como riesgos financieros centrales.
Más allá de las palabras, BlackRock actuó con hechos concretos. En 2020, votó en contra de la dirección de más de 1.500 empresas por “insuficiente diversidad” en sus directorios y gerencias, y sancionó a 53 compañías por lento progreso en temas climáticos. Lanzó y promocionó fondos ESG específicos que llegaron a gestionar alrededor de 320 mil millones de dólares, y participó en iniciativas como Net Zero Asset Managers. En una entrevista de 2017 —resucitada años después—, el propio Fink había sido explícito:
“Behaviors are going to have to change… You have to force behaviors, and at BlackRock we are forcing behaviors” (Los comportamientos van a tener que cambiar… Tienes que forzar comportamientos, y en BlackRock estamos forzando comportamientos),
refiriéndose a la imposición de cuotas de diversidad de género y raza, incluso vinculando la remuneración de ejecutivos a esas metas.
Este activismo ideológico generó una fuerte reacción. Varios estados republicanos de Estados Unidos (Florida, Louisiana, Missouri, entre otros) retiraron miles de millones de dólares en fondos públicos de BlackRock, acusándolo de priorizar agendas políticas por sobre los retornos fiduciarios. Solo Florida retiró 2 mil millones en 2022, y la firma reconoció pérdidas de flujos por unos 4 mil millones en el mercado estadounidense debido al rechazo masivo.
Hoy, el retroceso es contundente y confirma el fracaso del experimento. El apoyo de BlackRock a propuestas ESG y sociales en las asambleas de accionistas cayó de casi el 47 % en 2021 a solo el 4 % (y menos del 2 % en la temporada 2025) en las temporadas más recientes. La firma eliminó las metas internas de diversidad, fusionó su equipo DEI en “Talent and Culture”, borró menciones a la diversidad en sus reportes anuales y abandonó grupos climáticos como Net Zero. En sus últimas cartas y declaraciones, Fink ya no habla de “forzar comportamientos”, sino de energía pragmática, IA y crecimiento económico, reflejando lo que sus clientes realmente demandan.
Estas políticas de ESG y DEI promovidas por BlackRock se enmarcan en un ecosistema más amplio de influencia progresista, donde figuras como el millonario George Soros han jugado un rol destacado a través de sus Open Society Foundations. Aunque no existe evidencia de financiamiento directo entre Soros y BlackRock para estas agendas (de hecho, Soros criticó públicamente a Fink y BlackRock en 2021 por sus inversiones en China, calificándolas de “tragic mistake” – error trágico – que dañaría la seguridad nacional de EE.UU.), ambos han sido asociados en el imaginario público y en análisis conservadores como parte de una red globalista que impulsa causas progresistas: Soros a través de donaciones filantrópicas directas a organizaciones de derechos humanos, LGBTQ+ y cambio social, y BlackRock mediante el uso masivo de capital ajeno para condicionar el comportamiento corporativo en materia de género, diversidad y clima. Críticos señalan que estas iniciativas convergen en objetivos comunes como la redefinición de normas sociales y la transición energética acelerada, aunque operan por vías diferentes: filantropía directa en un caso y stewardship inversor en el otro.
El mensaje es claro: el poderoso BlackRock, uno de los principales impulsores institucionales de la ideología de género y el wokismo corporativo, ha reconocido su error. Lo que presentó como “capitalismo consciente” resultó ser un experimento ideológico que no resistió la prueba de la realidad económica ni el rechazo de sus propios inversores. El péndulo, finalmente, ha regresado.
Entrevista completa: The Bret Baier Podcast (Apple Podcasts)
