Irán llevó a cabo en la noche del sábado su ofensiva de mayor proyección estratégica desde el inicio del conflicto, al disparar misiles balísticos de largo alcance hacia la base conjunta británico-estadounidense de Diego García, en el océano Índico, y lograr impactos directos en el sur de Israel, en las proximidades de la principal instalación nuclear del país.
Los proyectiles alcanzaron las localidades de Dimona y Arad, en el desierto del Néguev, donde se ubica el Centro de Investigación Nuclear del Néguev, conocido como el reactor de Dimona. Según las autoridades israelíes, los sistemas de defensa antiaérea no lograron interceptar al menos dos misiles, lo que resultó en daños materiales considerables –incluidos edificios afectados e incendios– y al menos un centenar de heridos, entre ellos civiles.
“Es una noche muy difícil en la batalla por nuestro futuro”, reconoció el primer ministro Benjamin Netanyahu. “Estamos determinados a continuar golpeando a nuestros enemigos en todos los frentes”, añadió en un comunicado que subrayó la resolución israelí ante la escalada.
⚠️ Tonight, the Iranian regime unleashed a devastating hail of missiles on southern Israel, purposefully striking civilians in Arad and Dimona.
Over 100 people, including many children and elderly, inured.
This is a blatant war crime. Pure terrorism. Yet, world is silent! pic.twitter.com/EBLLrxuJ9t
— Arsen Ostrovsky (@Ostrov_A) March 22, 2026
El ataque iraní a Diego García, aunque no logró impactos directos según fuentes británicas e israelíes, representó un hito: por primera vez en el conflicto, Teherán empleó misiles con alcance superior a los 4.000 kilómetros, duplicando el límite autoimpuesto que había declarado en el pasado. El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, advirtió que estos vectores no solo amenazan a Israel, sino que alcanzan capitales europeas como Berlín, París y Roma.
El intercambio de fuego incluyó también agresiones contra instalaciones nucleares del adversario. Irán justificó sus acciones como respuesta a un ataque previo contra el complejo de enriquecimiento de Natanz, en el centro del país, atribuido a fuerzas estadounidenses e israelíes. Medios iraníes reportaron que no se detectaron fugas radiactivas ni riesgos inmediatos para la población en esa zona.
Por su parte, Israel y Estados Unidos continuaron su campaña contra infraestructura militar y de misiles iraníes, incluyendo una instalación subterránea en la costa que almacenaba misiles de crucero, según confirmó el Comando Central estadounidense (Centcom). El almirante Brad Cooper afirmó que la capacidad de Irán para amenazar el estrecho de Ormuz –por donde transita alrededor del 20 % del petróleo y gas natural licuado mundial– quedó “reducida”.
El conflicto, que estalló el 28 de febrero con bombardeos coordinados de Washington y Tel Aviv contra objetivos iraníes, ingresa así en su cuarta semana sin perspectivas inmediatas de desescalada. Las autoridades de ambos bandos mantienen un lenguaje de firmeza, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de una mayor expansión regional y sus implicancias en la seguridad energética global.
