Smith, en La riqueza de las naciones (1776), fundó la economía moderna al explicar que la división del trabajo —como en la fábrica de alfileres— multiplica la productividad y crea rendimientos crecientes. Milei adopta esto literalmente y lo actualiza: “La inteligencia artificial es la fábrica de alfileres del siglo XXI”, argumentando que la IA genera saltos tecnológicos similares, con 250 años de evidencia empírica contra visiones distópicas.
Ambos rechazan el intervencionismo excesivo y los monopolios artificiales. Smith criticaba a los mercantilistas y a los empresarios que buscaban privilegios estatales (rent-seeking); Milei lo aplica agresivamente al atacar prebendas, corporativismo y “sátrapas parásitos prebendarios” en Argentina, defendiendo apertura comercial y competencia pura.
El ahorro y la acumulación de capital son clave para ambos. Smith veía el ahorro como base para elevar el stock de capital y el producto per cápita; Milei lo vincula directamente a su política de déficit cero, emisión controlada y exhortación al trabajo como virtud moral casi religiosa.
El abismo
Sin embargo, las diferencias son notables. Smith era un filósofo moral: en Teoría de los sentimientos morales enfatizaba la simpatía (empatía), la prudencia y un “espectador imparcial” que modera el interés propio. Defendía un Estado mínimo pero real: defensa, justicia, obras públicas básicas y educación para contrarrestar la “degradación” que la división extrema del trabajo podía causar en los obreros.
Milei, influido por la escuela austríaca (Mises, Rothbard), es más radical: se autodefine minarquista o anarcocapitalista, propone un Estado aún más reducido y rechaza visceralmente la “justicia social” como envidia y parasitismo. Critica la izquierda como “idea de parásitos que quieren vivir sin laburar”, algo que Smith no expresaba con igual dureza. Smith no era anti-Estado radical; aceptaba regulaciones contra abusos y reconocía límites morales al mercado.
Milei se presenta como heredero directo y militante de Smith —lo llama “padre de la economía”, comparable a Newton o Gauss por su visión adelantada—, usando sus ideas para justificar reformas drásticas en crisis. Smith fue el teórico fundador, prudente y equilibrado; Milei, su aplicador político combativo, adaptado al siglo XXI con énfasis en IA, antiestatismo extremo y exaltación del esfuerzo individual.
En esencia: Smith proporcionó las bases teóricas del liberalismo clásico; Milei las lleva a un nivel ideológico y confrontacional más intenso, con influencias modernas que Smith no pudo prever.
