¿Justina también fue víctima?: Gordillo relató la infernal relación con el “Militar” Sosa

Las declaraciones de Justina Gordillo ante la fiscalía incorporaron un nuevo eje en la investigación por el crimen de Erika Antonella Alvarez: la descripción minuciosa de la relación personal que mantuvo durante casi dos años con Felipe “El Militar” Sosa, único acusado del homicidio. En su testimonio, la imputada por encubrimiento reconstruyó un vínculo que definió como desgastante, atravesado por discusiones constantes, humillaciones, consumo de drogas y cambios bruscos de comportamiento que, según sostuvo, terminaron por quebrar la relación la misma noche previa al crimen.

“Lo conocí en una fiesta a la que fui con mis compañeros de trabajo. Me lo presentó una de las chicas y ahí nos dimos cuenta de que era hermano de Eugenia, una amiga mía”, declaró. Explicó que fue su primera relación estable tras divorciarse y que intentó mantener siempre separados los ámbitos familiares: “Él era mi novio. A mi casa no iba porque tengo dos hijos que viven conmigo. Fue mi primer novio desde que me divorcié”.

Discusiones, destratos y la ruptura

Gordillo relató que la relación estuvo marcada por conflictos reiterados y que la noche del hecho decidió ponerle fin tras una discusión ocurrida mientras cenaban en la casa de Sosa. Según recordó, después de compartir una pizza, él inició una discusión con una frase que la impactó: “Sabés que estoy harto de tu cara de culo. Caés y te estás durmiendo. Así es un embole”.

Ella respondió: “Estoy cansada porque todos los días me levanto a las seis para ir a trabajar y no paro”. Intentó retirarse del lugar, aunque el acusado le pidió que se quedara para hablar. Durante ese encuentro, Sosa comenzó a beber whisky y la discusión continuó hasta que finalmente decidió marcharse pasada la medianoche.

Ya en su casa, le envió un mensaje que también reprodujo ante los investigadores: “Le dije que estaba harta de esta relación y de que me tratara así. Le dije que necesitaba estar en paz”. Según su relato, él la llamó luego para pedirle que no discutieran más y le habló de proyectos laborales compartidos, prometiendo conversar al día siguiente.

Consumo de drogas y cambios de personalidad

La imputada describió a Sosa como una persona emocionalmente inestable y vinculó esos cambios con el consumo de sustancias. “Hacíamos una vida tranquila, pero era cambiante. Yo pienso que era por sus problemas de adicción. Primero era un amor por cómo me trataba y, al rato, me contestaba mal”, afirmó.

Sostuvo que al inicio de la relación él negó consumir drogas, aunque luego lo reconoció. “Cuando me puse de novia, él me dijo que no consumía drogas. Después de unos meses me dijo que sí”. Detalló que consumía cocaína y marihuana en otra habitación y describió las reacciones posteriores: “Después de hacerlo, él se ponía como efusivo… respiraba fuerte. Le preguntaba qué le pasaba y le advertía que podía sufrir un paro”.

Agregó que las promesas de cambio eran constantes: “Me decía que me admiraba por no consumir y que él iba a dejar de tomar droga. Ya me lo había dicho en otras oportunidades”.

Las otras mujeres y un clima que definió como morboso

Uno de los tramos más sensibles de su declaración estuvo relacionado con las relaciones paralelas que, según afirmó, Sosa mantenía mientras estaban en pareja. “Creo que fui muy ingenua y le perdoné varias cosas”, expresó.

En ese contexto mencionó a distintas mujeres que él solía nombrar: Anto, Camila, Brisa, Micaela, Julie, a quienes —según declaró— vinculaba con encuentros sexuales o con situaciones relacionadas al consumo de drogas. Explicó que esas conversaciones la incomodaban profundamente y describió el comportamiento del acusado como “morboso”.

“Siempre me nombraba a chicas. Era morboso en ese sentido”, afirmó. También relató un episodio que consideró particularmente perturbador: “Él una vez me quiso mostrar un video íntimo de él con otra mujer manteniendo relaciones. Me enojé y le dije que no correspondía que viera eso”.

Gordillo insistió en que nunca conoció a Erika Alvarez y reiteró que la única referencia previa fue cuando vio que lo llamaba una mujer identificada como “Anto”. “Me dijo que era una chica con la que habían tenido relaciones. Siempre me hablaba en un contexto morboso, situación que me hacía enojar”, sostuvo.

El llamado posterior y el desconocimiento del crimen

En otro tramo clave de su declaración, relató que el miércoles 7 recibió un llamado de Sosa pidiéndole ayuda porque una joven que estaba con él se había descompensado. Horas después, aseguró, él volvió a comunicarse para decirle que la situación estaba controlada. Según afirmó, ese fue el único conocimiento que tuvo de lo ocurrido y negó haber sabido que se trataba de un hecho violento o de una muerte.

También reconoció haber regresado posteriormente a la casa del acusado, aunque aseguró que no advirtió nada extraño. Sí recordó haber visto cómo entregaba un celular rosa a un allegado, dato que ahora forma parte de las líneas investigativas abiertas.

Al reflexionar sobre la relación desde su situación actual, expresó: “Con todo lo que estoy viviendo en estos momentos, me doy cuenta de muchas cosas”. Y recordó una frase recurrente del acusado: “Siempre me dijo que le daba paz, que lo volvía a su eje”.

Una situación procesal que cambia

El testimonio de Gordillo no sólo aportó una descripción íntima del entorno personal del principal acusado, sino que también impactó directamente en su propia situación judicial. La reconstrucción horaria incorporada al expediente indica que se retiró del domicilio pasada la medianoche, mientras que Erika Alvarez ingresó recién alrededor de las tres de la madrugada, circunstancia que refuerza la hipótesis de que no estuvo presente al momento del crimen.

Desde el punto de vista legal, la imputación que pesa sobre ella se limita al encubrimiento, delito que exige demostrar una acción concreta destinada a ayudar al autor del hecho y, fundamentalmente, el conocimiento previo de que se había cometido un delito. Hasta el momento, la investigación no habría acreditado ni su participación en el homicidio ni la existencia de actos directos orientados a ocultarlo.

Con la etapa probatoria ya avanzada, sin riesgos procesales evidentes y con una acusación basada principalmente en indicios derivados del vínculo personal con Sosa, dentro del ámbito judicial comenzó a considerarse inminente una revisión de la prisión preventiva. Bajo esos parámetros jurídicos —ausencia de prueba directa, imputación accesoria y disminución del riesgo de entorpecimiento— la liberación de Justina Gordillo aparece hoy como una posibilidad concreta y cercana dentro del expediente.

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