Lisandro Catalán: 19 años ocupando cargos públicos y una candidatura que pone en jaque el relato libertario

Por Hernán J. Iramain*
El actual presidente del distrito Tucumán de La Libertad Avanza busca presentarse como renovación, pero su extenso paso por el Estado tensiona el discurso anticasta que hoy enarbola.
En Tucumán la política tiene memoria. Y cuando alguien construye su identidad sobre la ruptura con la “casta” y la promesa de empezar de cero, el archivo deja de ser un detalle incómodo para convertirse en el centro del debate.
Lisandro Catalán pretende emerger como la figura de La Libertad Avanza en la provincia y apunta a disputar la Gobernación en 2027. El mensaje que repite es conocido: terminar con la vieja política, achicar el Estado, encarnar algo distinto frente a los mismos de siempre. El problema es que su propia trayectoria lo complica. Casi dos décadas dentro de la estructura pública no se borran fácilmente con un relato de renovación.
Catalán comenzó a ocupar cargos en 2007. Desde entonces, nunca salió del Estado. Con Daniel Scioli presidió Bapro Mandatos y Negocios S.A., empresa del Grupo Banco Provincia; durante el gobierno de Mauricio Macri fue Director de Registro Normativo y Dactiloscópico; y con Alberto Fernández asumió como Director Nacional del Registro Nacional de Reincidencia.
Ese recorrido no fue casual. Desde sus primeros pasos en la Fundación Acordar construyó un vínculo político con Guillermo Francos, quien lo sostuvo y le abrió puertas durante años, atravesando administraciones de distinto signo sin sobresaltos.
Con la llegada de Javier Milei, lejos de correrse, escaló. Fue Secretario de Interior, luego Vicejefe de Gabinete del Interior y, entre el 14 de septiembre y el 3 de noviembre de 2025, Ministro del Interior.
Desde el 20 de noviembre pasó a ocupar un sillón en el directorio de YPF como Director Clase D, además de integrar el de Aerolíneas Argentinas. Cuatro gobiernos distintos, mismo resultado: Catalán siempre adentro. En ámbitos políticos y empresariales se habló de una remuneración cercana a los 140 millones de pesos mensuales por su cargo en la petrolera estatal, aunque nunca hubo confirmación oficial. Más allá del monto, el dato estructural es otro: sigue formando parte del entramado estatal mientras predica achique, eficiencia y ruptura con las viejas prácticas.
El interrogante ya no es biográfico. Es político y conceptual. Porque si el relato libertario se define por confrontar al Estado como espacio de privilegio, la pregunta inevitable es cómo se sostiene esa narrativa cuando su principal referente en la provincia acumula 19 años ininterrumpidos dentro de ese mismo Estado. No es una cuestión de legalidad. Es una cuestión de coherencia.
En las últimas legislativas, LLA cosechó en Tucumán 363.885 votos —el 35,12%— y obtuvo dos bancas. Fue un resultado sólido, pero anclado en una dinámica nacional: sin cargos locales en juego y sin estructuras territoriales arriesgando capital propio, la elección funcionó en buena medida como plebiscito sobre Milei. El oficialismo provincial de Osvaldo Jaldo, con el 50,57%, también consiguió dos bancas y estuvo muy cerca de obtener la tercera.
En 2027 será otra historia. Si el calendario se desdobla —y todo indica que así será— la elección se provincializará. Y ahí pesan el territorio, la estructura y la capacidad de movilización. Elementos que no se construyen desde una cuenta de X.
Catalán no ocupa hoy ningún cargo electivo. Los diputados de LLA Tucumán son Federico Pelli y Soledad Molinuevo. Su poder interno se sostiene en la presidencia del distrito, cargo que obtuvo sin competencia, mediante lista única, y cuyo mandato de dos años vence en febrero de 2027 según la carta orgánica partidaria. Eso, inevitablemente, abrirá una instancia de disputa.
Dentro del espacio libertario hay además una historia que no conviene soslayar. José Macome, junto a otros dirigentes, fue parte de la construcción inicial del partido en Tucumán cuando todavía era una apuesta incierta. Hoy esa corriente fundadora quedó al margen. No se retiraron voluntariamente: fueron desplazados de la toma de decisiones. Y eso, en tiempos de bonanza electoral, puede parecer secundario. Pero cuando se acercan las internas, la memoria política pesa.
Cuando se abra la discusión por la conducción del sello en la provincia —algo que tarde o temprano ocurrirá— esos dirigentes van a querer participar. Y eso puede transformar una conducción aparentemente consolidada en un escenario bastante más complejo.
Hacia afuera, el panorama tampoco es lineal. Las tensiones con Mariano Campero —referente radical que integra el bloque de LLA a nivel nacional— son públicas. A eso se suma un clima de confrontación permanente en redes que, más que ampliar, reduce. En una provincia donde la oposición fragmentada históricamente favoreció al peronismo, ese esquema no parece el más funcional.
Tucumán tiene una tradición peronista fuerte y un gobernador que se mantiene entre los de mejor imagen del país.
Frente a ese escenario, cualquier alternativa necesita algo más que marca nacional y presencia digital. Necesita volumen territorial, acuerdos amplios y estrategia sostenida.
Por eso la discusión de fondo excede la biografía. La pregunta es si casi veinte años dentro del Estado pueden convivir, sin fricción, con un discurso que se construye enfrentándolo. Y si ese discurso alcanza para edificar una alternativa competitiva en una provincia donde la política se mide en estructura, no en consignas.
A eso se suma un dato que no es menor: Catalán no vive en Tucumán desde hace más de 25 años. Basta repasar su recorrido para comprobarlo.
El desafío que enfrenta es doble: sostener la narrativa de renovación mientras carga con un pasado que la tensiona, y demostrar que su liderazgo tiene raíces propias más allá del impulso que llega desde Buenos Aires.
La marca puede traccionar votos. Ya lo hizo.
Pero el territorio tiene sus propias reglas. Y esa será la prueba que importa.

*Iramain es abogado – Empresario Diplomado en Marketing Político y Campañas Electorales.
Las expresiones vertidas en Tribuna Abierta no necesariamente coinciden con la opinión de El Federalista.

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