La muerte del actor estadounidense Robert Duvall, ocurrida el 15 de febrero de 2026 a los 95 años, cerró una de las trayectorias más influyentes de la historia del cine mundial. La noticia fue confirmada por su esposa, la salteña Luciana Pedraza, quien informó que el intérprete falleció en su casa, en paz y rodeado de sus seres queridos.
Ganador del premio Óscar y protagonista de algunas de las películas más emblemáticas del siglo XX, Duvall dejó una carrera de más de seis décadas marcada por personajes inolvidables y una forma de actuar que redefinió el realismo en Hollywood.
Pero detrás del mito cinematográfico existió también una historia profundamente ligada a la Argentina, país que transformó su vida personal y que terminó siendo escenario de su vínculo más duradero.
Una carrera monumental
Nacido el 5 de enero de 1931 en San Diego, Robert Duvall comenzó su carrera artística en el teatro y la televisión antes de alcanzar notoriedad mundial en el cine. Su debut cinematográfico llegó con To Kill a Mockingbird (1962), aunque la consagración definitiva llegó años después con su interpretación de Tom Hagen en El Padrino, papel que lo convirtió en una figura central del Nuevo Hollywood.
A lo largo de su trayectoria participó en clásicos como Apocalypse Now, MASH*, The Great Santini y Tender Mercies, película por la que ganó el Óscar al mejor actor en 1984.
Su estilo sobrio, basado en la observación y la contención emocional, lo convirtió en referencia para generaciones posteriores de intérpretes. Fue nominado en múltiples ocasiones a los premios de la Academia y continuó trabajando incluso en su vejez, consolidando una reputación de actor total: protagonista, director y narrador.
La Argentina: el giro inesperado de su vida
La historia personal de Duvall dio un giro inesperado en 1996, durante una estadía en Buenos Aires. Allí conoció a la salteña Luciana Pedraza, entonces una joven promotora de eventos que se acercó a él sin saber que estaba frente a una estrella de Hollywood y lo invitó a una fiesta. Ese encuentro casual inició una relación que se extendería durante décadas.
Fauquier County residents and neighbors Robert Duvall and his wife, Luciana Pedraza, celebrated birthdays this week, they share the same birthday, January 5th, but have a 41-year age gap. Bob turned 95 this past Monday. pic.twitter.com/GKvRNqNEyG
— That 🪬 Golf Caddie Guy 🔮 (@GrayMan004) January 7, 2026
Ambos habían nacido el mismo día —5 de enero— aunque con 41 años de diferencia. La relación avanzó rápidamente y Pedraza se trasladó luego a Estados Unidos, donde comenzó también su vínculo con el cine y participó en proyectos dirigidos por el propio actor.
El romance consolidó un fuerte lazo del actor con el país. Duvall visitó la Argentina en numerosas ocasiones, desarrolló una profunda admiración por el tango, el asado y la cultura local, y llegó a hablar español con fluidez gracias a su esposa.
Incluso filmó Assassination Tango (2002), una obra profundamente atravesada por Buenos Aires y la tradición tanguera, donde Pedraza tuvo un papel actoral y creativo.
Un vínculo que trascendió el cine
La pareja se casó en 2004 y compartió proyectos solidarios orientados a América Latina, incluyendo iniciativas benéficas destinadas a niños y mujeres en situación vulnerable, muchas de ellas vinculadas con Argentina.
Quienes lo conocieron señalaron que el actor encontraba en el país una tranquilidad distinta a la vida de Hollywood. Su conexión con la cultura argentina no fue episódica: mantuvo residencias, amistades y visitas frecuentes durante años.
El adiós a un actor irrepetible
La muerte de Duvall provocó reacciones inmediatas en el mundo del cine, donde fue recordado como uno de los intérpretes más versátiles y respetados de su generación. Su legado incluye más de sesenta años de trabajo, múltiples premios internacionales y personajes que forman parte del imaginario cultural contemporáneo.
Para el público argentino, sin embargo, su figura queda asociada también a una historia íntima: la del actor que llegó como visitante y terminó encontrando en el país una nueva vida, un nuevo idioma y el amor que lo acompañó hasta el final.
